viernes, 4 de septiembre de 2015

Una entrada triunfal de Calleja a la ciudad de México

   Estaba por concluir el mes de enero de 1812, el general Calleja llevaba quince meses de combatiendo el movimiento de insurrección (por cierto, luego prohibiría el uso en todo documento de la palabra insurrección como insurgente) y se lamentaba de su estado de salud, al entrar a Toluca, el 27 de enero, escribe: “sin otra novedad que la de un sumo cansancio”. Y no era para menos, la batalla de Aculco, seguida a la de Calderón, su repliegue a San Luis Potosí para luego incursionar por el norte de Michoacán le acumulaban el cansancio teniendo la idea de que fuera reemplazado en el mando del ejército realista y acudir a la ciudad de México en busca de un médico que le revisara y, sobre todo, de un descanso, esto lo manifiesta como “la incomodidad que padecía en su salud”. Comenzó a correr el rumor de que su salud estaba quebrantada, eran, -así lo calificó- “murmuraciones y hablillas despreciables”. Así que, decide continuar al frente del ejército.

   “Mientras esta polémica se dirimía entre la Suprema autoridad y el militar de más prestigio de la Colonia, las partidas Insurgentes destacadas desde Cuautla se aproximaban a México por el sureste, haciendo que los realistas de la provincia de Chalco se replegasen. La misma ciudad de Chalco, Ayotla, Tlalmanalco, los Reyes, Amecameca, Ozumba y, en fin, todos los innumerables pueblos indígenas de aquel rumbo habían caído en poder de los Insurgentes.

  Tan inminente llegó a ser el peligro que el virrey, dos horas después de haber comunicado a Calleja que Irizarril lo sustituiría , se vio en la necesidad de ordenarle a aquel se reconcentrase, lo más rápidamente posible a la capital. Calleja salió de Toluca con el ejército del Centro a las tres de la tarde del día 3 de febrero; llegó a Lerma a las once de la noche de ese mismo día, y al amanecer del cuatro iba marchando con rumbo a Cuajimalpa, a donde entró a las 3 de la tarde. En esta venta dio un descanso a sus tropas, por haberle dicho el virrey que no eran necesario que forzase la marcha, y el 5 de febrero, a medo día, entró a la capital de la Nueva España".

   Era la primera vez que ante las miradas curiosas de los habitantes de México se presentaba el espectáculo de un ejército en regla, así la población, que por estar de fiesta andaba toda fuera de sus casas celebrando el día de S. Felipe de Jesús, patrono de la ciudad, acudió en masa a recibirlo. Unos realistas querían conocer de cerca al paladín más esforzado de su causa; los otros, los afiliados a la revolución, trataban de calcular la fuerza que iba a oponerse a Morelos, en quien cifraban las mayores esperanzas para la realización de sus anhelos.

  Calleja fue regiamente agasajado por la población española de México. “Calleja- dice Alamán- se hospedó en la casa del Conde de Casa Rul, en la que fueron continuos los convites y obsequios concurriendo a la mesa los jefes del ejército y todas las personas distinguidas de la ciudad y en ella se ensalzaron en los brindis en prosa y verso las victorias del ejército y las hazañas del general, cuyo mérito se calificó superior al de Fabio Máximo y otros capitanes de la antigüedad”.

   El Virrey Venegas, que todo lo veía, no tardó en percatarse de que en aquellas circunstancias, tan favorables para Calleja, desempeñaba él un papel demasiado secundario, y que solo con grandes riesgos, que no se atrevía a afrontar, podría despojar del mando del ejército al festejado general. Prefirió, pues, un avenimiento, que calleja se apresuró a aceptar, y ambos quedaron, aparentemente, en la mejor armonía". (1)

Fuente:

1.- Chávez Orozco, Luis. El Sito de Cuautla. Instituto de Cultura de Morelos. Cuernavaca, 2012. pp.13-15. Edición original de 1931, reeditada en el Centenario del Sitio de Cuautla en 2012.

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