viernes, 27 de mayo de 2011

Lista de los ejecutores del fusilamiento de Hidalgo.

Así como lo experimentamos recién, a lo largo del 2010, periódicos y revistas dieron atención a los distintos episodios que forman la Historia Nacional, especialmente los relacionados al inicio de la guerra por la Independencia de México. La industria editorial hizo lo propio. En la actualidad contamos con mucha más información, son una buena cantidad de libros los que se editaron, algunos revelando destalles que nos eran desconocidos, otros imaginando pasajes y deduciendo situaciones y unos más dando cuenta de lo que hace cien años se había publicado a raíz de los festejos del Centenario. Una de esas poblaciones fue la de Luis Castilllo Ledón, quien, como lo hemos dicho varias veces, realizó un recorrido por la Ruta de Hidalgo en 1090, siendo el primero en revivir el derrotero. Otro historiador, José María de la Fuente, publica en el año 10 del siglo XX su Hidalgo Íntimo, del cual extraemos lo que él marca como "Documento número 22".


"Copio el siguiente documento relativo a la decapitación del Sr. Hidalgo, y en que constan los nombres de la mayor parte de los soldados que le hicieran fuego. Según Juan Vicente García, que murió de 86 años de edad, y el cual fue uno de los traidores que fusilaron al Señor Hidalgo, sé lo siguiente:

"Un tarahumar (no sabía si de Chuviscar o Nombre de Dios), con Alfanje muy cortante, tendido el cadáver sobre un tablón a la presencia del General Salcedo, quien dio esta voz de mando: "corta la cabeza de este reo", fue ejecutado de un solo golpe. El jefe español regaló veinticinco pesos en plata al ejecutor.


Tiradores en el Cadalso


Teniente de Janos. D. Pedro Armendáriz, oficial de mando. Soldados, Juan Vicente García, Felipe Varela, Antonio Parra, Juan Molina, José Quintana, Miguel Ruiz, José Tarín, Victoriano Torres.

Según el propio citado García, el teniente coronel don Manuel Salcedo mandaba fuerza del interior del edificio, compuesta de doscientos hombres, mientras pasaba de un mil la que custodiaba el exterior al tiempo de la ejecución.


Chihuahua, Julio 30 de mil ochocientos sesenta y tres.- Jesús Allende.- Una rúbrica.

En el mismo libro aparece otro documento el cual es escrito por Pedro Armendáriz, el jefe de la tropa de fusilamiento que, recuerda los hechos y nos pone una duda, pues da fecha del 30 de julio a las nueve de la mañana cuando el cura Hidalgo es fusilado; mientras que en los documentos oficiales enviados al virrey se dice que fue el 29 a las 7. Para leer este documento, entra aquí:


http://www.inehrm.gob.mx/pdf/documento_muertehid1.pdf



Las fotografías de los cráneos las he tomado del mismo libro citado. En la correspondiente a Hidalgo notamos un pequeño agujero, quizá ese sea la causa de la controversia que hubo cuando fueron trasladados a la Columna de la Independencia, pero eso, seguramente lo veremos más adelante.


Fuente:


De la Fuente, José María. Hidalgo Íntimo. Tipografía Económica. México, 1910. Versión electrónica publicada por el portal del Bicentenario.gob en su Biblioteca Digital Bicentenaro (BDB).


jueves, 26 de mayo de 2011

Las ejecuciones en Chihuahua, 1811; el lugar de los hechos

Dentro del carisma que emana de la figura de Hidalgo, hay facetas distintas, quizá algunas de ellas glorificadas por los doscientos años de historia que han creado a un personaje mítico, un viejito bonachón que dista mucho de lo que ahora hemos aprendido, al irlo siguiendo a lo largo de casi 3 mil quinientos kilómetros, una persona carismática sí, pero con ciertos vicios y virtudes que a momentos lo hacen contrapuntear con el otro dirigente del movimiento, Allende, al grado que éste último lo quiere asesinar. Me sorprende ver en el elenco inicial a cinco músicos, mismos que vivían en su casa de Dolores y que lo hicieron también en su casa de San Felipe Torresmochas. Esto nos da prueba clara de el joie du vie que don Miguel tenía. Pero hay algo que me llama aun más la atención de su figura, esa agilidad, esa fuerza para viajar en las condiciones en que se viajaba en el siglo XVIII. Al principio seguramente forzado por las circunstancias, la muerte de su madre, que lo hace trasladarse hasta Tejupilco, Estado de México; para luego regresar a Pénjamo y seguir a La Piedad y Valladolid... más adelante tendría que desplazarse a la Ciudad de México para su titulación, luego forzado a retirarse a Colima para, más adelante moverse a San Felipe Torresmochas. Ni que decir de sus continuos viajes al rumbo de Taxiamora para ver su hacienda ganadera y sus continuos ires y venires a Querétaro, San Miguel y varios puntos más en donde igual se celebraban eventos sociales que corridas de toros.


El cura Hidalgo, infatigable recorrió parte de Guanajuato, Michoacán y Estado de México para adentrarse nuevamente a Guanajuato luego de la derrota en Aculco, finalmente pudo reposar, luego de dos meses agotadores, en Valladolid. El resto del recorrido lo hemos conocido ya a través de los más de 350 artículos que aquí se contienen pero, algo aun más me sorprende. Hay gente que está destinada a nunca parar, incluso ya muerta, tal es el caso de don Miguel Hidalgo. Sus restos, hasta la fecha se han movido continuamente, el año pasado a raíz de los festejos del Bicentenario su osamenta se movió nuevamente y ni que decir de sus monumentos, muchos de ellos, de esos que se han levantado en su honor, han sido movidos, su figura es incansable y, enfectivamente, se sigue moviendo.


Este plano que ahora vemos lo encontré en el libro del historiador nayarita, Luis Castillo Ledón, y en el aparece el diagrama que nos indica la disposición que tenían el lugar de los hechos cuando el sacrificio del Padre de la Patria. En él nos muestra el Colegio de Jesuitas y el Hospital Real, en el primer caso hay una nota que dice: "Esta manzana amplificada y a mayor escala corresponde a los números 5 y 6 de éste plano". El número 6 no aparece, quizá sea el casillero debajo del número 4. La explicación que allí se anota es la siguiente:


1.- Lugar preciso donde cayó exánime el gran mártir Hidalgo acribillado por las balas españolas.

2.- Sala en la que se efectuó la lúgubre ceremonia de la Degradación Canónica del sacerdote don Miguel Hidalgo y Costilla.

3.- Prisión de Allende

4.- Prisión de Jiménez

5.- Prisión de Abasolo

+++ lugar donde entró Hidalgo y los demás héroes presos a Chihuahua

6.- Capilla de San Antonio en el Templo de San Francisco donde fue sepultado el cadáver de Hidalgo.

El que vemos aquí, dibujo de autor anónimo, se dice que es Melchor Guaspe, tal parece que fuera su mascarilla fúnebre. Fue él junto con Miguel Ortega las dos personas con quien Hidalgo mantuvo contacto durante sus tres meses de prisión, llegando a hacer tal amistad que es precisamente a ellos a quién escribe sus poemas en los muros de su prisión. Melchor Guaspe, marinero nacido en la isla de Mallorca llegó a la Nueva España y se estableció en la villa de San Felipe de Chihuahua, ante los acontecimientos de la captura de los líderes Insurgentes, es nombrado Alcaide de la prisión, siendo Hidalgo, luego de la ejecución de los otros 22, el único prisionero al que atendían. Compadecido ayudó al cura a pasar sus últimos días con mayor dignidad, se dice que le llevó un violín, instrumento al que Hidalgo era muy aficionado a tocar, así como libros y comida de su propia casa. Una vez consumada la Independencia y dictadas las leyes de expulsión de los españoles de México en 1825, a Guaspe le es otorgada la nacionalidad mexicana como reconocimiento a la ayuda proporcionada al Padre de la Patria.


Esta fotografía forma parte también de las que tomara Castillo Ledón en 1909 cuando hizo el recorrido de casi toda la Ruta de Hidalgo, corresponde a la antigua plaza de los Ejercicios, lugar en donde fueran fusilados Allende, Jiménez y Aldama y donde fuera exhibido el cadáver de Miguel Hidalgo.


Siguiendo las órdenes dadas por el virrey, las cabezas de los cuatro caudillos fueron colocadas en cajas con sal, algunos dicen que en barricas con vinagre, otros que una combinación de ambas. Las de Allende, Aldama y Jiménez llevaba ya un mes en esa condición, al parecer habían sido enviadas ya a Zacatecas, ahora, el 27 de julio, luego de haber sido exhibido el cadáver de don Miguel Hidalgo, sería decapitado y, su cabeza puesta en sal. El 5 de agosto saldría rumbo a Zacatecas para luego llegar a la macabra exhibición, cosa común en esa época, a todo lo largo del Camino Real, hasta su destino: la Alhóndiga de Granaditas.


Así pues, este recorrido que venimos haciendo de las estelas de Cabeza de Águila, se transforma en un recorrido de la Cabeza de Hidalgo... es por eso que digo que si hay un personaje en toda la Historia de México que se sigue moviendo, ese es don Miguel Hidalgo y Costilla, el Padre de la Patria.


Enlace:


Una de las cosas buenas que se publicaron en el año del Bicentenario fue, sin lugar a dudas, la Nueva Biblioteca del Niño Mexicano, en su número 12 aparece la figura de Guaspe:



miércoles, 25 de mayo de 2011

La ejecución de don Miguel Hidalgo y Costilla

Una de las obras más emotivas que he leído es La Ruta de la Libertad, del historiador, antropólogo y etnólogo Fernando Benítez, al parecer fueron dos libros los que publicó usando casi el mismo texto, en uno de ellos, ese que te menciono, nos va describiendo un recorrido que hace, a raíz de los festejos del Sesquicentenario, en 1960, por lo que fue la Ruta de Hidalgo, esa que estamos concluyendo precisamente. En esa especie de tejido que va haciendo a lo largo de la ruta, nos va describiendo lo que sus ojos ven en las principales, ahora ciudades, por donde va pasando y nos dice como era México en esos días apacibles en que gobernaba don Adolfo López Mateos. Lo hace de una manera fina y singular y, con gran emotividad nos describe los pasajes de los primeros meses de la guerra de Indpendencia. Editorial Era retoma la obra, pero solo transcribiendo la parte histórica, sin incluir sus apreciaciones, sus comentarios sobre lo que veía en 1960. Al final de esa obra nos relata los hechos de la mañana del 30 de julio de 1811.


"... Afuera mil hombres vigilaban el edificio y doscientos soldados custodiaban el interior. Hidalgo marchaba a la muerte leyendo el Miserere en el Breviario. Se escuchaba el redoble insistente de un tambor y las campanas de Chihuahua doblaban a muerto. En un ángulo del patio estaba formada la escuadra de fusilamiento. La tensión casi insoportable de aquella marcha la rompió Hidalgo una vez más. Se detuvo. El oficial acudió alarmado a preguntar qué deseaba. Sonriente, Hidalgo exclamó:

-Los dulces que están debajo de mi almohada.

Cuando se los llevaron los repartió entre los soldados del pelotón, diciéndoles palabras de consuelo. Al terminar solo añadió:

- La mano que pondré sobre mi pecho será, hijos míos, el blanco seguro al que habréis de dirigiros.

Besó el banquillo donde había de morir y se sentó mirando de frente a los soldados. Salcedo intervino, Tenía órdenes terminantes de fusilarlo por la espalda, pero Hidalgo se rehusó a morir como un traidor. Fue la única degradación que se negó a aceptar. Tras una breve disputa Salcedo respetó la decisión del mártir.

Sonó la descarga. Los soldados temblaban de tal manera que tres de las balas pegaron en el vientre de Hidalgo y la cuarta le quebró un brazo. El dolor hizo que el cura se moviera y la venda resbalara. Sus ojos verdes, antes risueños, se clavaron en los soldados. Era la mirada de un hombre que vivía y moría al mismo tiempo. Una terrible mirada del que ya no podía ser salvado; la mirada del que estaba lejos y permanecía vivo y sufriente en medio de ellos, sentado en el banco, bañado por la suave luz de la aurora.

Marchó la primera fila de soldados y la segunda le hizo fuego. Las balas volvieron a pegarle todas en el vientre. Sus ojos que seguían teniendo aquella mirada indefinible, se llenaron de lágrimas. La tercera fila disparó y las balas siguieron la misma trayectoria, penetraron en el vientre destrozado y salieron por la espalda. El teniente ordenó que dos solados dispararan a boca de jarro. Hidalgo quedó muerto, la cabeza en el suelo, caída en su propia sangre. Por la tarde un tarahumara a quien le pagaron veinte pesos cortó la cabeza de Hidalgo con un machete curvo". (1)

Fuentes:

1.- Benítez, Fernando. El peso de la noche. La Nueva España de la edad de plata a la edad de fuego. Ediciones Era. México, 1996.

El libro al que me refiero que fue donde se basaron para la edición de Ediciones Era fue: La Ruta de la Libertad. Editorial Offset. México, 1982.

martes, 24 de mayo de 2011

Chihuahua, Chihuahua. La degradación de don Miguel Hidalgo.

En el Derecho Canónico la Degradación se divide en verbal y real. Aquella consiste en la sentencia de Degradación. Esta sentencia contra Hidalgo la pronunció el Ministro de la Degradación el día 27 de julio, y el día 29 del mismo mes entre las seis y las siete de la mañana, se ejecutó la Degradación Real en el corredor del cuartel, con todas las ceremonias y condiciones prescritas en el Pontifical Romano de la manera siguiente:


Se puso un altar y sobre él un crucifijo en medio de dos cirios encendidos, y sobre la tarima se colocaron cuatro sillones, en los que se sentaron el Ministro de la Degradación y tres prelados asistentes, dando la espalda al altar y la cara al pueblo. El ministro fue el doctor Francisco Fernández Valentín, Canónigo Doctoral de la Catedral de Durango, como delegado del obispo don Francisco Gabriel Olivares, quien no pudo ir a Chihuahua por los achaques de su edad muy avanzada y lo largo y trabajoso del camino.

Los asistentes fueron el cura de Chihuahua don Mateo Sánchez Álvarez; fray Juan Francisco García, Guardían del Convento de San Francisco y otro monje franciscano llamado fray José Tárrraga; los cuatro estaban revestidos con el Amito, Alba (indumentaria), Cíngulo, Estola y Capa pluvial, las dos últimas piezas de color encarnado. Los dos clérigos tenían bonete en la cabeza y los monjes estaban sin el Bonete (indumentaria). A los lados de los asistentes estaban en pie los jueces civiles don Manuel Salcedo y don Ángel Avella y fray José María Rojas, notario del acto. El patio estaba lleno de espectadores, vecinos de Chihuahua, unos españoles y otros mexicanos, unos ricos y los más de la plebe.

Sobre una mesa que se puso cerca del altar se colocó un traje eclesiástico a saber: Alzacuellos, unos ornamentos sacerdotales, un cáliz, una Patena y unas Vinajeras. Se sacó a Hidalgo del calabozo y se llevó al corredor, como estaba cuando fue aprehendido en Acatita de Baján, esto es, con grillos y vestido seglar, calzón corto, chaqueta larga, medias negras y zapatos bajos con hebillas, se le quitaron los grillos y comenzaron las ceremonias de la Degradación.

Hidalgo ayudado por los prelados asistentes, se vistió el alzacuello, la Sotana y los ornamentos sacerdotales, como para ir a decir misa, a saber: el amito, alba ajustada con cíngulo, Manípulo (vestimenta), estola y casulla, estas tres piezas de color encarnado. Echó en el cáliz un poco de vino y una gota de agua, puso sobre él la patena con una Hostia sin consagrar y tomando el cáliz con la patena, fue a ponerse de rodillas a los pies del Ministro. Este le quitó de las manos el cáliz y la patena, pronunciando unas palabras rituales de execración (*) y los entregó a los asistentes. Luego con un cuchillo le raspó las palmas de las manos y las yemas de los dedos, con lo que en su vida sacerdotal había tomado la hostia para consagrarla y había tocado el Cuerpo de Cristo, pronunciando el doctor Valentín estas palabras de execración:

"Te arrancamos la potestad de sacrificar, consagrar y bendecir que recibiste con la unción de las manos y los dedos". Enseguida le fue quitado cada uno de los ornamentos sacerdotales y al despojarlo de cada uno pronunció unas palabras rituales de execración. Después le quitó la sotana y el alzacuello, pronunciando estas palabras solemnes: "Por la autoridad de Dios Omnipotente, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y la nuestra, te quitamos el hábito clerical y te desnudamos del adorno de la religión y te despojamos, te desnudamos de todo orden, beneficio y privilegio clerical; y por ser indigno de la profesión eclesiástica , te devolvemos con ignominia al estado y hábito seglar". Enseguida con unas tijeras le cortó un poco de pelo de la cabeza y un peluquero siguió la operación cortándole todo el cabello, de modo que no se le conociese la corona, pronunciando el Ministro estas palabras: "Te arrojamos de la suerte del Señor, como hijo ingrato, y borramos de la cabeza tu corona, signo real del sacerdocio, a causa de la maldad de tu conducta".


Dice Alamán: "desnudó (el doctor Valentín) al reo de los ornamentos sacerdotales en la forma que describe el Pontifical Romano y lo entregó a la justicia secular, intercediendo con instancia que se le mitigase la pena no imponiéndole la muerte ni mutilación de miembro. La justicia civil en España y Nueva España, no hacía caso de tal intercesión, sino que, estando ya el reo pelón, lo aprisionaba y llegada la hora lo decapitaba, ahorcaba o quemaba según era la sentencia. Lo mismo pasó con Hidalgo, pasada la Degradación, los esbirros lo llevaron ante Avella, lo hicieron poner de rodillas y Avella le leyó la sentencia de muerte, pronunciada por el juez don Nemesio Salcedo y pasado un rato, le pusieron los grillos y lo llevaron a la capilla". (1)


Fuentes:


1.- Rivera, Agustín. Anales de la vida del Padre de la Patria, Miguel Hidalgo y Costilla. Archivo General del Gobierno del Estado de Guanajuato. Guanajuato, 2003.


Nota: La primera fotografía corresponde al Museo de la Alhóndiga de Granaditas. Las siguientes son una curiosidad que me hicieron favor de hacer llegar en donde vemos como, durante los festejos del Centenario hubo incluso la publicación de esta biografía en inglés por un autor norteamericano y, como lo marcaba la tradición, se dedicó la obra a don Porfirio Díaz.

(*) Execración: Consiste en condenar o maldecir con autoridad sacerdotal o en nombre de cosas sagradas, a alguien o algo. Ejemplo: Dios supremo a cuya vista no se puede ocultar el corazón del hombre, levantad vuestro brazo omnipotente y descargadlo sobre mi cabeza.


lunes, 23 de mayo de 2011

Chihuahua, las ejecuciones de 1811

Doce días después de la llegada de los prisioneros Insurgentes a Chihuahua se dieron las primeras tres ejecuciones, esto fue el 10 de mayo de 1811, al día siguiente pasarían por las armas a dos más. Más adelante, el 6 de junio cuatro personas más serían fusiladas; seguramente fue un día muy dolido por el cura Hidalgo ya que en el paredón estaba su hermano Mariano. Las tandas continuaban, para el 27 de junio serían los de más alta graduación los que pasarían al paredón y, al día siguiente, 27 de junio, los últimos cuatro. Quedaría pendiente el sacrificio a don Miguel Hidalgo, la cual, dada su condición de sacerdote, fue la que más tiempo llevó, pero... quizá se planeó así para que, con el sadismo propio de la época, padeciera aun más su pena pues, si bien en la lejanía, alcanzaba a escuchar las descargas de los fusiles. En oficio enviado al Virrey el 2 de agosto, se le daba cuenta de que "...han sido sentenciados a la pena del último suplicio que sufrieron veintidós de los referidos reos..." Las ejecuciones se dieron de la siguiente manera:

10 de mayo, 1811.

Juan Bautista Carrasco, Brigadier.
Ignacio Camargo, Mariscal.
Agustín Marroquín, Capitán.

11 de mayo, 1811.

Francisco Lanzagorta, Mariscal.
Luis Gonzaga Mereles, Coronel.

6 de junio, 1811.

Nicolás Zapata, Mariscal.
José Santos Villa, Coronel.
Pedro León, Mayor de Plaza.
Mariano Hidalgo, Brigadier y Tesorero.
Juan Ignacio Ramón, Brigadier.

26 de junio, 1811.

Ignacio Allende, Generalísimo.
Mariano Jiménez, Capitán General.
Juan Aldama, General.
Manuel Santamaría, Mariscal.

27 de junio, 1811.

Vicente Valencia, Director de Ingenieros.
Onofre Portugal, Brigadier.
José María Chico, Presidente de Guadalajara.
Manuel Ignacio Solís, Intendente del Ejército.
Trinidad Pérez, Alférez.
Ventura Ramón, Capitán.
José Plácido Morrión, Capitán.


El Gobierno de Chihuahua decidió sacar del anonimato a los 19 de ellos que no son del todo conocidos por la gran mayoría de la población, esto en aras de darles el lugar que les corresponde en la Historia nacional.

Aquí puedes leer el decreto:

http://www.eldigital.com.mx/html/42038_0_1_0_M.html

miércoles, 18 de mayo de 2011

Chihuahua. Chihuahua. Cabeza número 260

Hoy, 22 de mayo de 2011, llegamos al final de la Ruta de Hidalgo. Hemos aprendido mucho. Hemos visto mucho y visualizado más. Una de las cosas que, indudablemente notamos al llegar a ésta, la estela número 260 es que, sabemos muy poco de nuestra Historia nacional y esto nos ha ido conduciendo a repetir una y otra vez más los mismos errores. Hemos visto a lo largo de los que creo son 3,500 kilómetros una constante: el fallido sistema educativo que tenemos y los severos problemas que eso, ahora, en este siglo XXI estamos viviendo, México no ha podido ser totalmente independiente. Al recorrer las 260 estelas de Cabeza de Águila puedo concluir algo que lo sabemos, lo vivimos, lo notamos todos los días, pero que... tan existente es, que nos hemos [malamente] acostumbrado a él: el Valemadrismo.

Valemadrismo a todo. Civismo, cultura, conocimiento, interés. He constatado a lo largo de esos 3,500 kilómetros una constante: basura. Basura física, basura auditiva, basura ambiental. El país es bello en extremo, pero muchos se empeñan en destruirlo... creo que las pruebas te las mostré en más de una ocasión. Es más, te confieso algo: muchas de las fotos pasaron por arreglos para quitarles la basura, la física. La basura auditiva que nos encapsula es, en verdad abominable. En más de dos bibliotecas a las que fui a consultar a lo largo de la Ruta de Hidalgo, tuve que gritar para que, apagaran la música o, en todo caso, bajaran el volumen. Esto en una biblioteca, lo que hay en las calles, todos lo sabemos.

La idea original era recorrer toda la ruta desde Dolores hasta Chihuahua, no me fue posible. Vivimos en una tremenda crisis económica. Vivimos en una tremenda crisis de valores. Vivimos en el temor. Mas de dos personas, [por decir] me dijeron que mejor ni fuera a Durango ni a Chihuahua, que la cosa está "caliente". La verdad, al menos en todo lo que recorrí no padecí nada, aunque sí vi que los hoteles en Michoacán están practicamente vacíos. Me hubiera sido de lo más satisfactorio haber recorrido a pie, de aventón, en colectivo o, incluso, en taxi, lo que no pude hacer en Coahuila, Durango y Chihuahua... las ganas siempre estuvieron, los recursos no. Como quiera, valiéndome de las modernidades de Internet, pudimos llegar, estamos llegando al final. Hay algo que ya comenté: México es tan grande que nos da miedo adentrarnos en él. Esto incluye, claro es, la Historia. Ya no hay que celebrar el 15 de septiembre con una cena y una "peda". Mejor hay que reflexionar a dónde vamos y que es lo que queremos, no en lo personal, sino como comunidad... sé que está en chino, en chino está el día más mexicano de los 365 en que se divide el calendario. Comunidad es algo que no hemos acabado de asimiliar, de digerir. Mantenemos vicios que no son Bicentenarios, sino que, agregandoles el Tricentenario de vida Colonial, nos da la abrumadora suma de 500 años de no saber para donde vamos o de no saber para donde queremos ir... como comunidad. En lo personal todos queremos vivir bien, pero... en lo colectivo?

"Finalmente hace su entrada el ejemplar Padre de la Patria a la ciudad de Chihuahua a eso de las dos de la tarde del 23 de Abril de 1811. La jornada física llega a su término. El grupo de cautivos se encuentran en un estado lamentable: sus vestiduras desgarradas, llenas de polvo y sudor, su cuerpo llagado debido a lo engrillado de sus pies y manos, pero a pesar de ello, sus espíritus no decaen en ningún momento.

Allende, Aldama, Jiménez, y demás Insurgentes quedan encerrados en el Hospital, y el padre Hidalgo en el Colegio de los Jesuitas, ocupando la Torre, que aun se encontraba en construcción. Dos días después, se inicia el proceso de todos ellos..." (1)

260 estelas de Cabeza de Águila, 3,500 kilómetros, un año de recorrido me llevó hacerlo, solo que, a ti que me has seguido por este espacio te comento una cosa. No hemos terminado aun, muy pronto continuaremos. La grandiosidad del cura Hidalgo y su presencia seguirá recorriendo los caminos de México, nos seguirá recordando una sola cosa: México es Grandioso!



Fuente:

1.- Jiménez de la Rosa, Felipe. Ruta de Hidalgo, 1810-1811. Lápiz y Papel de México. México, 1960.

lunes, 16 de mayo de 2011

Las 63 personas que atendieron al Grito de Dolores

Yo, Benjamín Arredondo, soy de Salamanca, Guanajuato. Nací en 1955, cinco años después se colocó en ese lugar la Cabeza de Águila número 13, justo el número que para unos trae suerte y para otros mala fortuna. La vi siempre en lo que entonces era la entrada a Salamanca, viniendo de Celaya, pasaron muchos años para entender que su pico apuntaba al lugar por el que don Miguel Hidalgo siguió, para entender que no solo era la de Salamanca sino muchas más, 260 de ellas se habían colocado a lo largo de la ruta, pasó una buena cantidad de tiempo. Cuando supe de este emlemático número, 260, un buen día me propuse conocer todas y cada una de ellas y, cuando comenzó [en mí] la euforia del Bicentenario, fue entonces que decidí ir a conocerlas, revivir los pasos del cura Hidalgo que, vilipendiado, magnificado, avejentado y cuanta cosa más se le ha ido cargando a lo largo de doscientos y pico de años. Hacer un peregrinaje que me hiciera conocer más a fondo la historia de ese periodo de la vida de nuestro país. Ahora estamos por llegar a su culminación.

Para mi este "ano cuasi-sabático" que me tomé para hacer el recorrido ha sido de un gran aprendizaje, llevaba ya la idea de por donde tendría que seiguir, de Guanajuato a Michoacán luego al Estado de México y Jalisco, para continuar por Aguascalientes, Zacatecas y San Luis Potosí, luego sería Coahuila, Durango y, finalmente, Chihuahua; pero no imaginaba cuan grandiosa era, es decir, tuve que estar allí para entender y apreciar la bondad infinita que, llámese naturaleza o llámese Dios, ha vertido sobre nuestro país. No puedo decir que vi un lugar feo, todo lo contrario, si algo tiene nuestro país es belleza.

En el desierto, en el bosque, en el Bajío, en las ciudades y pueblos coloniales, en las haciendas, en los puentes, en todos y cada uno de los 260 sitios por los que pasé (la mayoría en vivo, y un 30% virtualmente) lo que abunda es la belleza.... Y esa belleza fue vista, quizá, por los 63 primeros Insurgentes, los que la madrugada del 16 de septiembre de 1810 atendieron al llamado de don Miguel Hidalgo.

Esta lista la publica Pedro González en 1891; Pedro Gonzalez es, también, nativo de Salamanca y fue, en su momento Jefe Político, es decir, Presidente Municipal, tanto de Salamanca como de Dolores y fue allá que recopilo el elenco que a continuación veremos:


1.- Capn. D. Ignacio Allende
2.- Su asistente, un granadero, Franco Carrillo
3.- Capn. Juan Aldama
4.- D. Mariano Hidalgo, hermano del Sor. Cura
5.- D. José Aguirre
6.- Br. D. Mariano Balleza
7.- D. Mariano Montes
8.- D. Ramón Herrera
9.- D. Franco. Larrea: Gobernador de los indígenas
10.- D. Anselmo Mercado
11.- D. José Antonio Martínez, Sagto. del Regimiento de la Reina
12.- Sereno
13.- Sereno
14.- José Cecilio Ortega, a. el Rayeno
15.- Vicente Lobo
16.- Músico que vivía en la casa del Sr. Cura
17.- Músico que vivía en la casa del Sr. Cura
18.- Músico que vivía en la casa del Sr. Cura
19.- Músico que vivía en la casa del Sr. Cura
20.- Músico que vivía en la casa del Sr. Cura
21.- D. José Santos. Músico mayor
22.- D. José Antonio Ortíz
23.- D. Rafael Acosta
24.- Antonio Morales
25.- Francisco Barreto
26.- Padre Capellán 1
27.- Padre Capellán 2
28.- Padre Capellán 3
29.- Padre D. Hermenegildo Montes
30.- Padre D. Ignacio Ramírez
31.- Prbro. Ramón López Cruz
32.- Correo 1
33.- Correo 2
34.- Correo 3
35.- Correo 4
36.- D. Cresencio Rivascacho
37.- D. Miguel Rivascacho
38.- D. José de la Luz Gutiérrez
39.- Nicolás Licea. Herrero que estuvo trabajando lanzas mucho tiempo antes de la voz del Sr. Cura.
40.- D. Pedro León
41.- Martín Larea
42.- Anastacio Ruiz
43.- Francisco Rodríguez Camacho
44.- Sgto. Juan Arellano
45.- Alejandro Marchena
46.- D. Gabriel Gutiérrez
47.- Sargento José María Rodríguez
48.- Sargento Francisco Arellano
49.- Cayetano Torres
50.- Tiburcio Álvarez
51.- Sargento Francisco Vázquez
52.- Anacleto Argon
53.- José María Barajas
54.- Ramón Baltierra
55.- Ramón Villegas
56.- Nicolás Avilés
57.- Francisco Ayala
58.- José María Romero
59.- Miguel Avilés
60.- Joaquín Sánchez
61.- Bernardino Quintero
62.- Simón Castro
63.- D. Pedro Degollado




Algunos llegarían hasta Chihuahua, otros quedarían en Monclova, para su fatal destino. De la mayoría no se sabrá mucho... como quiera, fueron ellos los que oyeron eso que para nosotros, los mexicanos actuales, hemos dado en nombrar El Grito de Dolores. "...Un 16 de septiembre de 1810, a la hora prima...



Fuente:


González, Pedro. Apuntes Históricos de la Ciudad de Dolores Hidalgo. 1891. Edición de La Rana, Guanajuato, 2001.

domingo, 15 de mayo de 2011

Plaza Zaragoza, Chihuahua. Cabeza número 257

Aunque esta Cabeza de Águila, de acuerdo a mi conteo es la número 257, es la penúltima del recorrido, es una de las dos que existen en Chihuahua, lugar que considero qué, si a Guanajuato le asignaron cuatro estelas, a Chihuahua le deberían también sido asignadas cuatro, dados los hechos tan importantes que en ambos sitios sucedieron. De acuerdo al mapa que aparece a continuación, los puntos más importantes por donde pasaron los prisioneros fueron el Templo de Santa Rita, la Alameda de Santa Rita, la Catedral y las Casas Consistoriales, el Colegio Jesuita y el Templo de San Francisco.

A lo largo de la ruta hemos ido aprendiendo cual fue la importancia que tuvo Ignacio Allende y como fue que, debido a vanidades, el movimiento Insurgente no llegó a buen fin en este inicio de la insurrección, muy por el contrario, esas diferencias existentes entre los caudillos los hizo llegar hasta aquí en calidad de rehenes y en la conciencia de que pronto serían ajusticiados. Sobre estas situaciones veremos lo que Benito A. Arteaga escribió:

"Ninguno de los escritores de la insurrección, a lo menos que nosotros sepamos, entra en pormenores relativos al tiempo en que Allende permaneció preso, por ignorarse tal vez, o por que, como lo hemos manifestado desde el principio de estos rasgos biográficos, siempre fue considerado por ellos como una persona muy secundaria en la insurrección; ni nosotros podemos hacerlo por el primero de estos dos motivos; por lo tanto, y a firmes siempre en nuestro propósito de no escribir sino lo que nos parece absolutamente cierto, sólo diremos que Allende, bien asegurado con cadenas y esposas, fue encerrado en un cuarto oscuro y húmedo del Hospital Militar de dicha ciudad de Chihuahua, en el que sufrió grandes padecimientos.

Fue comisionado para que le instruyese su causa D. Ángel Aveya, administrador que fue de Correos en Zacatecas. Este individuo, según dicen, era muy versado en las fórmulas de la ordenanza militar, en materia criminal; pero sin duda también muy orgulloso, como lo eran la mayor parte de los empleados españoles de aquella época, pues igualmente se asegura por personas imparciales, y es arreglado a lo que hemos oído decir de esta ciudad, desde nuestra infancia, que, abusando de la posición en que lo había colocado su comisión, y seguro de que Allende había sido el principal motor de la independencia, así como de que en aquella vez, encadenado y rodeado de centinelas, no podía hacer uso de sus puños robustos, lo insultó y aun amenazó con los suyos, cosa que no toleró Allende, pues llevado de la cólera y haciendo un esfuerzo violento, rompió las esposas con que estaba atado,y con la cadena que quedó pendiente le dio un fuerte golpe en la cabeza.

Es de extrañarse, y de sentirse al mismo tiempo, que ya que se han publicado varios fragmentos de las causas de Hidalgo, del licenciado Aldama, de don Mariano Abasolo y otros, en los que aparecen su arrepentimiento, su debilidad y sus lágrimas, no se hayan publicado también algunos de los que siguieron contra don Ignacio Allende, contra don Juan Aldama y contra don Luis Malo, que como hemos visto, fueron los primeros que pensaron en la independencia y la promovieron; nosotros estamos cierto de que en documentos tales aparecerían, si no sus verdaderas respuestas, porque en la perversidad e imprudencia de sus jueces, o diremos mejor, de sus implacables enemigos, cabía la adulteración de ellas, y aun estaban en el interés de hacerlo; más si se rebelarían desde luego la firmeza de su carácter y la profundidad de sus convicciones en orden a la grande empresa que comenzaron. Por eso sin duda, guiado Allende de estos verdaderos, pero amargos sentimientos, y siempre persuadido de la justicia de dicha empresa, solía, en su soledad y abandono, escribir con una astilla de carbón en las paredes de su cuarto, varias estrofas que el tiempo borró, y de las que sólo quedó la siguiente:


Triste y obscura prisión
donde inocente yo habito;
si eres casa del delito,
por qué eres hoy mi mansión?



Creemos que si a Allende se le hubiera permitido hacer su defensa, este requisito tan justo, porque lo previenen las leyes; tan natural, porque no ha habido pueblo, aun el más bárbaro en que no haya tenido uso, y tan conveniente al decoro de los tribunales, pues su presencia acaba de justificar y realza sus determinaciones; hoy se tendría un documento precioso que, al mismo tiempo que esclarece su conducto como hombre público (y no hablamos de los motivos y fines de la independencia, por que, aunque pocos y no obstante las diligencias de los realistas para nulificarlos, existen irrecusables datos), diera una idea de lo que él sufrió en su prisión, así de parte de sus jueces como de sus verdugos; más no se le permitió,como tampoco a sus compañaros; y así es que todo quedó entonces en el silencio, así como ahora ha quedado en el olvido.

Nota: Poco tiempo después de la independencia, no reconocía aun y confesaba el mérito de D. Ignacio Allende; el propio soberano congreso de 1823 acordó lo siguiente. 1.- El Gobierno compensará con finca o fincas u otros bienes nacionales a los herederos de D. Igno. Allende el valor del molino de este, que el gobierno español le confiscó. 2.- Esta compensación se entiende del valor líquido percibido por la hacienda pública y también se deducirá el aumento que haya tenido en la venta el justo precio del molino siempre que dicho ecseso haya dimanado de algún privilegio de la hacienda pública. 3.- Siendo esta gracia concedida especialmente en reconocimiento al mérito extraordinario de D. Ignacio Allende, no servirá de ejemplar. Octubre24, 1823.

Fuente:

Arteaga A. Benito. Rasgos Biográficos de don Ignacio Allende. San Miguel Allende, 1852. Edición Conmemorativa. Archivo General del Gobierno del Estado de Guanajuato, 2003.

Rancho de Ávalos, municipio de Chihuahua. Cabeza número 254

Estamos ya en las inmediaciones de la ciudad de Chihuahua, el recorrido está por terminar. Actualmente el Rancho de Ávalos es parte de la ciudad. Apoyándonos en lo escrito por don Gildardo Contreras Palacios, del Colegio Coahuilenses de Investigaciones Históricas, haremos recuento de lo que fue la última etapa de la ruta en millas y/o kilómetros de acuerdo a una comparación que hace con los datos vertidos por los norteamericanos cuando la intervención de 1845.

Los norteamericanos durante la intervención no vinieron a crear nuevas rutas, sino que se sirvieron de las ya existentes para realizar su desplazamiento por el territorio nacional. Eran aquellas que desde tiempo inmemorial constituyeron los llamados "caminos reales". Aquí el detalle de la ruta San Lorenzo (de Parras) a Chihuahua de acuerdo con el testimonio de Wislizenus. La distancia en millas está con paréntesis:


San Lorenzo de Parras-El Pozo (21 mlls) 33.79 kms. El Pozo-San Juan Bautista (25) 40.23. San Juan Bautista-San Lorenzo de La Lag. (15) 24.14. San Lorenzo de La Lag-San Sebastián (24) 38.62. San Sebastián-Mapimí (35) 56.32. Mapimí-Cadena (21) 33.79. Cadena-San José de Pelayo (18) 28.96 kms. San José de Pelayo-El Andabazo (25) 40.23. El Andabazo-San Bernardo (10) 16.09. San Bernardo-lugar sin nombre (40) 64.36. Lugar sin nombre-Dolores (20) 32.18. Dolores-Guajoquilla (3) 4.83. Guajoquilla-La Ramada (33) 53.1. La Ramada-Sta. Rosalía (24) 38.62. Sta. Rosalía-El Saucillo (30) 48.27. El Saucillo-Sta Cruz (23) 37.01. Sta. Cruz-Bachimba (20) 32.18. Bachimba-Chihuahua (32) 51.49. Total del recorrido, 419 millas, 674 kms.


El recorrido de Chihuahua a San Lorenzo de Parras, lo realizaron las fuerzas de Doniphan del 27 de abril al 15 de mayo. Un total de 19 días, con uno de descanso. Lo cual nos arroja un recorrido diario promedio de 35.48 kms.


Si tomamos los datos anteriores como referencia para fijar la ruta del grupo de prisioneros insurgentes, llegamos a concluir que dicho contingente salió de San Lorenzo de Parras el 5-6 de abril, y llegó a Chihuahua el 23 un total de 18-19 días de recorrido con un promedio de 35-37 kms., por día, recorrido que se asemeja al promedio realizado por los norteamericanos.



Fuente:



Artículo publicado en El Diario de Coahuila el 13 de junio de 2010. El recorrido que se realizó de Baján a Chihuahua, la Ruta de Hidalgo después del prendimento.


http://www.eldiariodecoahuila.com.mx/notas/2010/6/13/locales-183008.asp

Hacienda Mapula, Chihuahua. Cabeza número 253

Esta que, de acuerdo a mi conteo sería la Cabeza de Águila número 253, se localizaría en la Hacienda de Mapula, muy próxima a la ciudad de Chihuahua, quizá la tengamos que reordenar debido a que el comité organizador de los festejos del Bicentenario, que en Chihuahua se llamó "Tres Siglos, Tres Fiestas", publica una Ruta de Hidalgo en donde encuentro unas ligeras discrepancias. La primera es lo que denominan como Laguna Encantada que tal vez corresponda a lo que, de acuerdo con el profesor Jiménez de la Rosa ubicó como Congregación San Isidro, de ser así es entonces la Cabeza de Águila número 242 la que allí corresponde.

Pero, según lo vemos en la mapa, aparece otro San Isidro, ese corresponde a la Cabeza de Águila número 247, anotada como Hacienda San Isidro, más al norte vemos un sitio de nombre La Enramada, mismo que yo no consideré. De existir allí una Cabeza de Águila o, en todo caso, de haberse propuesto su colocación, esto le da más precisión al total de 260 estelas, ya que, como lo veremos más adelante, no lograremos llegar a corroborar la existencia de 260 sitios, sino 258 o 259.

Como quiera, el fatal destino de los Insurgentes está por ser concluido una vez que lleguemos a la ciudad de Chihuahua.

El documento que el comité mencionado publicó con la Ruta de Hidalgo en Chihuahua, lo puedes leer aquí:
http://www.3siglos3fiestas.com/rutas/images/stories/rutas/insurgencia.pdf

sábado, 14 de mayo de 2011

Hacienda de Bachimba, municipio de Rosales, Chihuahua. Cabeza número 252

Se dice que la noche anterior, la del 20 de abril de 1811, pernoctaron en una galera ubicada en la Hacienda de San Pablo Meoqui, justo en lo que actualmente son las esquinas de Hidalgo y Degollado, seguirían al otro día; aunque hay quien dice que esto sucedió el 23 a las cinco de la mañana, cosa que es más cuerda si consideramos que de allí no pararían hasta llegar a la ciudad de Chihuahua.

Son doce las leguas que separan a Bachimba de Chihuahua a lo largo de esta planicie, la que vemos en la fotografía. Apenas 36 kilómetros de llegar a las goteras de la ciudad para de allí en lo que seguramente fue una muy penosa y concurrida entrada por las calles de Chihuahua, llegarían al hospital para ser encerrados, el cura Hidalgo caminaría un poco más, pues su celda sería el cubo de la torre del Colegio Jesuita.


Cabezas de Aguila en Chihuahua, casi llegando a su fatal destino, números 250 y 251

Se dice que en Meoqui fue que pernoctó don Miguel Hidalgo la noche del 20 de abril de 1811, esto se ubica en las actuales calles de Hidalgo y Degollado. Si desde Coahuila me ha sido un poco difícil ir armando la ruta y ubicar la información precisa (en el tendido que desde allí me ha sido imposible seguir la ruta físicamente), es ahora en Chihuahua en donde encuentro menos datos, mas confusión y, una gran desinformación. Esto, con perdón de quienes se llegaran a ofender por el comentario, no me sorprende pues, si nos vamos a la parte histórica, nos daremos una idea del por qué las cosas son como son en el "Estado Grande". Hay un autor, chihuahuense, que lo entiende perfectamente, razón por la cual, me permito transcribir lo que él publicó, me refiero a Alfredo Espinosa. Pero antes veamos la ubicación de las Estelas de Cabeza de Águila:


250 Hacienda de El Saucillo

251 San Pablo Meoqui. (la fotografía corresponde a esta localidad).



"A participios del siglo XIX, el desarrollo de loa medios de comunicación era precario y primitivo. Los edictos del virrey en turno eran la única e incuestionable verdad. La lejanía del centro político y del pobre interés existente por ambos lados por enterarse de los sucesos de la otra tierra, provocaban que no existiera una sintonía nacional.

Desde entonces las autoridades de estas tierras bárbaras han oscilado en dos actitudes ante el centro de la Nueva España: la sumisión absoluta, o -al ignorarlo- se opta por el autoritarismo rampante. En ambas actitudes, solo quien ejerce el poder político decide por los demás.

Cuando el centro ordenó que apresaran a Hidalgo y a sus cómplices, las autoridades realizaron el operativo sin chistar. Les dijeron también que les montaran un juicio para excomulgarlos, que los fusilaran cuidando no dañar la cabeza, los decapitaran y enviaran sus cabezas a la plaza pública para exhibirlos como ejemplos del fin que tienen aquellos que se atreven a desobedecer al rey.

Y el escarmiento se llevó a cabo. Las autoridades de la Nueva Vizcaya lo hicieron sin ningún cuestionamiento.

Conocían de Miguel Hidalgo y Costilla lo que había necesidad de conocer: que era un sacerdote rebelde que había osado levantarse contra la Corona. Y eso era suficiente.

Nadie en Chihuahua sabía que era eso de la Independencia ni para que servía. Los chihuahuenses toda su vida habían sido autónomos; salvo los gobernantes que dependían de la Corona española.

Sin embargo la gente de la Nueva Vizcaya, más que curiosa, desconcertada, miró pasar a un viejo calvo y canoso, adelgazado, de ojos buenos y andar sereno, pensó que no era cosa de Dios eso de matar a un Cura. Pero las autoridades, tigres con los prisioneros y gatos con los del centro, ejecutaban las órdenes.

A don Miguel Hidalgo y Costilla, ese cura viejito que había dedicado unas décimas a su carcelero y había repartido dulces al pelotón que habría de cumplir las órdenes de disparar contra él y agujerarle el pecho, un poco después habrían de llamarlo el Padre de la Patria.

El Padre de la Patria, Hidalgo, había sido apresado, excomulgado, fusilado y decapitado en Chihuahua, porque la ley así lo exigía contra aquellos subersivos y transgresores del orden establecido.
Otra vez, la ley estaba equivocada". (1)

Fuente:


1.- Espinoza, Alfredo. Tierras Bárbaras. Navegaciones sobre la identidad chihuahuense. Plaza y Valdés. México, 2004.

La Cruz, Chihuahua. Cabeza número 249

Finalmente encontramos una estela de Cabeza de Águila, de las diez y ocho asignadas a este estado. Se localiza en La Cruz, casi a mitad de la parte sur del estado, es decir, considerando que la ciudad de Chihuahua se ubica al centro, de allí hacia el sur, encontramos, justo a la mitad, esta población.

Y es aquí que encontramos algo que, curiosamente, ha estado presente a todo lo largo de la Ruta de Hidalgo: un árbol. En este caso es un mezquite en donde, de acuerdo a la conseja popular, fue el lugar que el Padre de la Patria descansó el 16 de Abril de 1811. Este dato nos conduce a deducir que, lo dicho por el profesor Jiménez de la Rosa no es preciso. Él anota como el tránsito de los aprehendidos en Acatita se realizó del 21 al 23 de abril. Quizá dedujo la fecha considerando que el edicto de don Nemesio Salcedo avisó de la llegada de los rehenes a Chihuahua justo el 21 de Abril, sin embargo, él no tenía una fecha precisa de dicho arribo, consecuentemente hay más credibilidad a que fue el 16 de abril cuando cruzaban por esta parte del actual territorio chihuahuense.


Sin embargo, la duda vuelve a surgir. Se afirma que fue el 23 de abril que entraron, todos los prisioneros a Chihuahua. De La Cruz a Chihuahua hay 85 kilómetros, más o menos; consecuentemente es difícil de creer que tardaron 7 días en llegar a su destino. Todo indica que la noche anterior de la llegada a la capital de la provincia, la pasaron en la Hacienda de Bachimba, por lo tanto el paso del cura Hidalgo por La Cruz y ese descanso mítico que existe en torno a los árboles fue más bien el 22 de abril.


viernes, 13 de mayo de 2011

Santa Rosalía, actual Ciudad Camargo, Chihuahua. Cabeza número 248

Unos dicen que el 16, otros que el 21 de abril fue el día en que por Santa Rosalía paso el prisionero Hidalgo rumbo a la capital de la provincia de Chihuahua. La estela de Cabeza de Águila se encuentra en buen estado, a la entrada de la ciudad, según lo comenta el blog Café Chihuahua. Aprovechamos la ocasión para ver algo sobre la Diócesis de Durango que, en 1811 incluía un poco más de la Nueva Vizcaya.



"Desde su implantación en el territorio mexicano recién conquistado, la Iglesia católica en nuestro país se organizó mediante la fundación de las primeras diócesis. En 1530 se fundó la diócesis de México-Tenochtitlan, con jurisdicción en todo el territorio mexicano que comenzaba a ser evangelizado. Siguieron las diócesis de Antequera (Oaxaca) en 1535, Michoacán (Morelia) en 1536, Chiapas en 1539, Puebla en 15431, Guadalajara en 15482, y Yucatán en 1561. De manera que en el siglo XVI toda la administración eclesiástica de México descansaba en siete diócesis.

"Es notable que en todo el siglo siguiente, el XVII, no se erigió en México más que una diócesis, la de Durango (llamada también de Guadiana o de Nueva Vizcaya), en 1620. Llama la atención que en todo este siglo se erigiera una sola diócesis, dado que es el siglo de mayor expansión de la fe católica en México, pues no sólo se acabaron de cristianizar las comunidades indígenas del centro y sur de la Nueva España, sino que gracias a la acción de los misioneros, sobre todo franciscanos y jesuitas, la fe se expandió hacia el norte, un norte cuyos límites eran tan extensos que quedaban indeterminados; abarcaban las extensas regiones del norte de México y un territorio que después formó parte de los Estados Unidos y que equivale a otro tanto del actual territorio nacional.

Lo mismo pasó en el siglo XVIII. En todo este siglo no se fundaron más que otras dos diócesis: Linares (Monterrey) en 1777, y Sonora en 1779. En total, diez diócesis en tres siglos.¿A qué se debió esta lentitud para crear nuevas diócesis? La población, desde luego, era muy escasa en todo ese gran territorio. Sin embargo, debido a las enormes distancias, la atención de parte de los obispos a sus feligreses, por escasos que estos fueran, en poblaciones tan alejadas como Chihuahua, San Antonio, Santa Fe o Los Ángeles, no podía ser la adecuada. ¿Cómo era posible que una diócesis como Durango abarcara lo que hoy son los estados de Durango, Zacatecas, Chihuahua, Sonora, Sinaloa, Nuevo México, Arizona y las Californias, con las dificultades infinitamente más grandes que había entonces para viajar? No cabe duda que las razones eran políticas y que así convenía al rey de España y a una burocracia tan alejada del lugar de los hechos y configurada mentalmente con un espacio geográfico mucho más reducido. No olvidemos que la Iglesia de América se gobernaba por medio del Patronato Regio y era el rey el que nombraba a los obispos y el que decidía la creación de nuevas Diócesis.

Tampoco habría que descartar la falta de interés de los obispos en ver fraccionadas sus diócesis, como una forma de retener un poder mayor. De momento sólo en el padre Cuevas he encontrado dos alusiones sobre esta reticencia para erigir nuevas diócesis en la Nueva España: Sobre el siglo XVI dice: “Una cosa resulta muy clara de los datos que hemos asentado: que la mies era inmensa y los operarios poquísimos. Lo que no nos podemos explicar es como de los muchos pastores, virtuosos como eran, no se elevaban al Consejo de Indias y a Roma peticiones eficaces e instantes, pidiendo que se aumentasen los obispados. Causa rubor el escuchar en medio de este silencio la voz de los indígenas que, recién convertidos, se dirigieron a Carlos V, por medio de un precioso memorial, en los siguientes términos: ‘Hay muy gran necesidad de que Su Majestad sea servido mandar que se aumente el número de los obispados, así para los españoles como para los indios, porque es mucha la tierra que contiene cada obispado de los que agora hay y es imposible que lo puedan visitar los obispos’”. Y para el siglo XVII comenta: “Si tratándose del siglo XVI nos quejábamos y protestábamos contra la escasez de diócesis, tratándose del siguiente siglo y de un país mucho más conocido, mucho más rico y más cristianizado cual era el México del siglo XVII, esas quejas tienen que subir de punto y un solo obispado erigido en tan largo y tan importante periodo, no libra al Consejo de Indias y al Real Patronato, de tantas responsabilidades como pesaban sobre ellos, relativas a la conversión y espiritual sustento de tantas pobres ovejas sin aprisco ni pastor”.

En el siglo XIX, a pesar de todas sus turbulencias políticas y sociales, se crearon en México veinte nuevas diócesis. El doble de las que ya había. Además, todas se crearon en el México independiente, pues durante los primeros veinte años se siguió la misma política colonial de no multiplicar las diócesis, aparte de las condiciones poco propicias de la guerra de Independencia.
Fuente:

1.- Vázquez, Dizan. Fundación de la Diócesis de Chihuahua y su primer Obispo. El Colegio de Chiuhuahua. Chihuahua, 2008.

http://www2.uacj.mx/uehs/ActividadesyNoticias/Fundaci%C3%B3n%20de%20la%20Di%C3%B3cesis%20de%20Chihuahua%20y%20su%20primer%20obispo.pdf

Nota: La segunda fotografía, que obtuve del sitio www.mexicoenfotos.com aparece en la sección de Ciudad Camargo, me parece muy curiosa la inspiración que el artista tuvo del traslado del Cura Hidalgo a Chihuahua, en un carruaje, de rostro adusto, escoltado... pero, fuera de la escolta, lo demás creo que fue lo diametralmente opuesto en la realidad.

Estelas de Cabeza de Águila en el sur de Chihuahua. Números 245, 246 y 247

Chihuahua es, así como lo dice su publicidad turística: "El Estado Grande", por consecuencia es un poco complicado de entender para quienes no vivimos en el norte del país. Este recorrido que vamos haciendo por la Ruta de Hidalgo nos conduce ahora por el Camino Real de Tierra Adentro y vamos pasando por lugares en donde se establecieron haciendas, mismas que eran pobladas por poca gente en un territorio por demás vasto. Siguiendo la Ruta llegamos los siguientes puntos en donde, hasta donde lo he podido averiguar, no existen las Estelas de Cabeza de Águila, estos son:

245 Hacienda de Huejuquilla, actual Villa Jiménez
246 Hacienda de Tierra Blanca
247 Hacienda de San Isidro


Para entender un poco mejor las condiciones reinantes en Chihuahua, esta vez nos apoyamos en un libro editado en 1834, pocos años después de que el territorio de la Nueva Vizcaya se había dividido en varios estados:

"El gobierno político de los pueblos que antes fueron parte de la Provincia de la Nueva Vizcaya, y hoy pertenecen al Estado de Chihuahua, lo tenían con el militar y las demás omímodas facultades que la Corte de España les confirió, los comandantes generales como más inmediatos jefes, que residían ordinariamente en la capital de la Audiencia territorial, que era la de Guadalajara, ejercía a su vez la autoridad que el carácter de la legislación del tiempo le permitía en lo político; pero este ramo se hallaba con más ampliación y particularidad el cargo de los intendentes de la provincia que lo despeñaban por si, y en los pueblos de la comprensión de la Intendencia por medio de los subdelegados y de los ayuntamientos, que presidían estos funcionarios, donde los había.

Estos subdelegados, que eran al mismo tiempo, como ellos se titulaban, jueces de las cuatro causas de hacienda, guerra, policía y justicia, ejercían el más monstruoso despotismo a la sombra de tan cumplidas y poderosas atribuciones, cuyos límites eran sumamente desconocidos e inciertos [...] los únicos Ayuntamientos que había uno en el mismo Chihuahua y el otro en Parral, pues no tenían sino algunas diminutas facultades de las que las leyes daba a los cabildos de la península y todavía se registran en los cuerpos del derecho español; pero no obstante contribuían en gran manera a evitar contener los males públicos, que se experimentaban mayores cuando el bueno régimen de la policía se confiaba solamente a la vigilancia de los subdelegados.


Los empleos de subdelegación que por naturaleza requerían de probidad, desinterés y cierto grado de conocimientos para su buen desempeño, se confiaban generalmente y de por vida a los españoles o gentes miserables que los mandaban como un arbitrio de satisfacer sus deseos o de mejorar su suerte, a pesar de que nunca estuvieron ni medianamente dotados con sueldos o emolumentos por la ley. Amigos de los ricos, enemigos y opresores de los pobres, dedicados a sus negocios privados y desentendidos de lo de su ministerio, muchos subdelegados pasaban su tiempo vendiendo permisos para juegos públicos, protegiendo con su indolencia la ociosidad y dando todo margen al más escandaloso ejercicio de los vicios que tanto envilecen a la sociedad que no los evita o castiga". (1)


En la fotografía vemos los restos de la Hacienda de Tierra Blanca, la anterior, en blanco y negro, corresponde a una vista de Huejuquilla, actual Villa Jiménez, en 1900. Los mapas nos dan una idea de la vastedad del territorio chihuahuense y de cuan grande fue la Nueva Vizcaya.


Fuente:


1.- José Agustín de Escudero. Noticias Estadísticas del Estado de Chihuahua. 1834

miércoles, 11 de mayo de 2011

11 de mayo de 1811, los fusilamientos en Chihuahua

Fueron dos los fusilados hoy hace doscientos años en Chihuahua, el Mariscal Francisco Lanzagorta y el Coronel Luis Gonzaga Mireles. Apoyándonos nuevamente en Villaseñor y Villaseñor, veamos sus vidas:

Francisco Lanzagorta.


Fue uno de los conspiradores de Querétaro. Tenía el empleo de Capitán de Regimiento de Sierra Gorda, acantonada en las cercanías de aquella ciudad, y por su amistad con Allende, pronto se mezcló en la conspiración y asistió a las juntas en casa del bachiller Sánchez y del abogado Lazo, para lo cual hacía diferentes viajes.

En los documentos que existen en el Archivo General consta que Lanzagorta era un activo agente de la revolución en Querétaro que asistía a las reuniones en casa del licenciado Parra, que disponía de dinero suficiente para buscar adeptos, que hablaba con mucho entusiasmo del próximo levantamiento y que el 12 de agosto de 1810 salió violentamente de Querétaro llamado por Allende, que era algo pariente suyo y llevaba doscientos y diez y ocho marcos de plata que le entregó dicho licenciado Parra. Desde ese día no se le volvió a ver en la ciudad.

Acercándose ya el día que quería estallar la revolución fue destinado a proclamarla en San Luis Potosí que era su ciudad natal y lugar de residencia de su padre; parece que el mismo Hidalgo fue el que le dio esa comisión pues según la relación de fray Gregorio de la Concepción, salió de Dolores el 13 de septiembre, y en 24 horas se puso en San Luis, donde entregó al mencionado religioso la carta, proclamas y demás papeles que llevaba. Era bastante peligrosa la comisión de Lanzagorta por encontrarse gobernando la provincia Calleja, que apenas tuvo noticia de lo ocurrido en Dolores, empezó a alistar su ejército y a tomar las medidas conducentes para combatir la revolución.

Una de las primeras que dictó fue la aprehensión de todos los sospechosos, debida, según informó el Virrey, a haber descubierto una conspiración tramada por algunos oficiales, que habían ofrecido a los Insurgentes pasarse con los cuerpos que mandaban, en el momento de una acción, descubrimiento que había hecho por la fidelidad de un sargento. Lanzagorta fue uno de los primeros aprehendidos el 18 de septiembre; y en seguida Zapata, y otros, como el lego Herrera, que fue encontrado en el camino; todos fueron llevados al Convento de San Juan de Dios, donde fray Gregorio vivía. Mientras Calleja permanecía en San Luis, organizando su ejército los afectos a la Independencia se mantuvieron quietos, pero habiendo salido el 25 de octubre con sus fuerzas a socorrer la capital, empezaron los ánimos a mostrarse inquietos y adquirieron nuevos bríos cuando supieron que Iriarte con sus tropas estaban cerca.

El lego Herrera, comisionado de Hidalgo de acuerdo con el lego Villerías, con fray Gregorio, con don Joaquín Sevilla y Olmedo, oficial de lanceros de San Carlos, que de antemano estaba comprometido con Allende a sublevarse, y con Lanzagorta, organizaron la revolución, en la noche de 10 de noviembre la hicieron estallar, y sacando de la cárcel a los presos aumentaron el número de los pronunciados. A las tres de la mañana estaba consumado el motín reducido a la impotencia y herido el comandante realista Cortina y se había enviado un correo a Iriarte para que entrase a la ciudad. Entrado este, ordenó el saqueo, aprehendió a los legos y a Sevilla, que se oponían a él y se dispuso a salir de San Luis, llamado por Allende, dejando como Comandantes a los mismos presos y a Lanzagorta.

Pero este se dirigió en busca de Allende, el que lo comisionó para que propagase la revolución en el norte, confiriéndole el grado de Mariscal y ordenándole que obedeciese a Jiménez que llevaba el mando general de la región. Acompañó a este jefe a la batalla de Aguanueva, a la ocupación de Saltillo y de Monterrey, y a la acción de Puerto del Carnero. En seguida se incorporó a la comitiva de los generales, mandando las tropas presidales, que eran las mejor organizadas que tenía el ejército. Con ello cayó prisionero y conducido a Chihuahua, se le formó una rápida sumaria que terminó con la sentencia de muerte; fue de los primeros fusilados, perdiendo la vida el 11 de mayor de 1811, en unión del Coronel Luis G. Mireles, uno de los incorporados en San Miguel.

Lanzagorta no cometió ninguno de los excesos a que se entregaron muchos de los jefes independientes, y en cuanto pudo, procuró organizar y dar instrucción a su tropa, comprendiendo el provecho que se podía sacar de ella al comparar la gran diferencia que había entre los soldados disciplinados de las Companías presidiales que se le habían unido, con las chusmas de indios desordenados y cobardes, que formaban el ejército de Iriarte y que en su mayoría eran de Mezquitic. su subordinación a Jiménez, que tuvo demasiada confianza en Elizondo, lo perdió, como perdió a todos los caudillos de la primera época de la revolución.
Luis Gonzaga Mereles


Aunque sea en unas cuantas líneas, merece un recuerdo este constante compañero del caudillo don Miguel Hidalgo. Era vecino de Dolores y uno de los primeros partidarios que tuvo el párroco al que ayudaba en sus tareas industriales y agrícolas; cuando estalló la revolución no vaciló ni un momento en seguirla, y fue de los que acompañaron a Hidalgo a apoderarse de la cárcel en la madrugada del 16 de septiembre. Sin cargo alguno nuevo todavía se encargó de mandar la gente que estaba en contacto más inmediato con el caudillo, al que acompañó a Guanajuato y Valladolid. En la provincia de Acámbaro recibió el nombramiento de Coronel, y con tal carácter mandó un batallón en las Cruces, a las inmediatas ordenas de Aldama.

Después de Aculco fue de los que se dirigieron a Guanajauto en compañía de Allende; contribuyó a la defensa de la ciudad, a las órdenes de Jiménez, y fue de los últimos que abandonaron la plaza, dirigiéndose a Zacatecas; en la hacienda de El Molino fue despachado el 2 de diciembre, en compañía de Jiménez, de Malo y de Carrasco a extender la revolución a las Provincias del norte, lo que le dio la oportunidad de asistir a la batalla de Agaunueva y ocupación de Saltillo y Monterrey. Durante toda esta campaña dio muestras de ser hombre de orden y de capacidad, y no cometió ningún acto reprobable. Cuando los caudillos se acercaban recibió ordenes de irlos a encontrar y con ellos entró a Saltillo, donde permanecieron varios días, mientras arreglaban su viaje a los Estados Unidos.

El 21 de marzo tenía el mando de una pequeña fuerza que antes de que pudiera haber uso de sus armas fue rodeada y desarmada, quedando prisionera. Mireles, a quien Cordero conocía muy bien fue designado por éste para ir a Chihuahua, no atreviéndose el jefe realista a sentenciarlo, después de los miramientos que el Insurgente había tenido con él cuando lo tuvo prisionero. Allí no se tuvo en cuenta su conducta que, como la de todos los Insurgentes que conquistaron las Provincias Internas, fue buena y tras de una breve sumaria, fue condenado a ser fusilado; la sentencia se cumplió el 11 de mayo de 1811 y Mireles tuvo por compañeroa de suplicio al Mariscal don Francisco Lanzagorta que había sido su compañero durante la compañía del norte. Parece que influyó en su sentencia la circunstancia de haber sido uno de los primeros que se lanzaron a la revolución, pues observando la lista de las ejecuciones de Monclova, Chihuahua y Durango, se viene en conocimiento de que no se perdonó ni a uno de los que tomaron parte en los sucesos del 16 de septiembre de 1810.



Fuente:


Villaseñor y Villaseñor, Alejandro. Biografías de Héroes y Caudillos de la Independencia. Editorial Jus, México, 1962. Edición electrónica de la Biblioteca Digital Bicentenario.
www.bicentenario.gob.mx

Río Florido, actual Villa Coronado, Chihuahua. Cabezas número 242,243 y 244

Entramos en el estado de Chihuahua, última etapa de la Ruta de Hidalgo. Aparentemente fueron cuatro días los que necesitaron de penosa caminata para llegar a su destino final y fatal. Al parecer esto ocurrió entre el sábado 20 y el lunes 23 de abril de 1811. El recorrido lo seguimos en forma virtual, tampoco me fue posible ir a Chihuahua a documentar las estelas de Cabeza de Águila, las primeras tres que debería haber en ese estado son:

242 Congregación San Isidro, municipio de Coronado
243 Hacienda de Río Florido, hoy Villa Coronado
244 Hacienda de Atotonilco, hoy Villa Jiménez


Curioso es encontrarnos en la Ruta de Hidalgo, muy cercano al principio, y también al final, una población que lleva el mismo nombre: Atotonilco. Cuan diferentes eran las circunstancias en el primer Atotonilco, el que actualmente es Patrimonio de la Humanidad, lugar en donde se tomó la imagen de la Virgen de Guadalupe que, convertida en Estandarte y Bandera como símbolo de identidad del ejército Insurgente y, ahora, 217 días después el mismo ejército pasa por el sitio denominado también Atotonilco pero en condiciones diametralmente opuestas...

"...los jefes cautivos llegan a Río Florido, para continuar su lento y doloroso camino; aherrojados, durmiendo a la intemperie, sufriendo las inclemencias del tiempo, caminando largas horas sin tomar alimentos, con los pies hinchados, con sus ropas desgarradas y sucias por el polvo y el sudor y arrastrándose trabajosamente, van cumpliendo su destino, sin inmutarse por el candente y desolado desierto. Entretanto el comandante Nemesio Salcedo, días antes de la llegada de los prisioneros, publicó un bando en el que daba a conocer a los habitantes cómo deberían recibir a los prisioneros, amenazando con penas severas a los que hicieren manifestaciones de condolencia...

"... el caudillo a pesar de su cruel peregrinación no deja de bromear con sus compañeros de infortunio diciéndoles: 'que el hombre instruido y modesto dice a la naturaleza que es la que da y quita todo: dame lo que quieras y llévate lo que te plazca y no lo dice por arrogancia sino más bien por deferencia y por un sentimiento de resignación'.

La fuerza que escolta la caravana de Insurgentes cautivos, es aumentada con 24 dragones más, doce a la vanguardia y otro tanto a la retaguardia, en previsión de acontecimientos inesperados, continuando así el Padre de la Patria y sus acompanañantes su agobiante peregrinaje, cruzando los siguientes poblados: Río Florido, Atotonilco, Huejuquilla, Tierra Blanca y Hacienda de San Isidro." (1)

Fuentes:

1.- Jiménez de la Rosa, Felipe. Ruta de Hidalgo 1810-1811. Lápiz y Papel de México. México, 1960.

martes, 10 de mayo de 2011

10 de mayo de 1811, las primeras ejecuciones.

En este recorrido que vamos haciendo por todo aquello que fue el paso de don Miguel Hidalgo y del ejército Insurgente por buena parte del país estamos por entrar en lo que sería el último tramo que Hidalgo y los otros principales pasarían en vida. Nos quedan por recorrer 19 estelas de Cabeza de Águila para llegar a la última de ellas, luego vendrían los juicios y las ejecuciones, la primera de ellas se dio junto un día como hoy, 10 de mayo, de hace doscientos años, es decir, hace un Bicentenario. Al consultar a los autores que nos resaltan la vida de los primeros tres ejecutados encuentro en Villasenor y Villasenor los datos y una serie de comentarios que son bastante reflexivos en torno a lo que es el rescate de la historia y, sobre todo, de los personajes que en ella participaron y no solamente los principales, pues todos en algo colaboraron para que la Independencia se diera, así pues, vemos hoy la biografía de dos de ellos.


La primera ejecución en Chihuahua, la de hace doscientos años, fue contra el Marsical Ignacio Camargo; el Brigadier Juan Bautista Carrasco y el Capitán Agustín Marroquín, de este último habíamos dado ya cuenta de su vida en un artículo anterior. Apuntemos también que hay quien no lo considera Capitán, sino Verdugo, otros lo mencionan como Guarda espaldas y muchos no consideran que debe estar incluido en el panteón de los héroes mexicanos... vemos:

Ignacio Camargo.


La destrucción que han sufrido nuestros archivos a causa de las continuas guerras y revoluciones, impide comprobar muchos acontecimientos políticos y averiguar fechas, adquirir datos, etc., que ayudarían a resolver muchos problemas históricos y averiguar sucesos de los que ni remotamente se tiene idea.


La biografía de Morelos nos reserva algunas sorpresas, según tendremos ocasión de hacerlo constar y la del Mariscal Camargo, de la que vamos hacer un ligero esbozo, no nos ha sido posible completarla, por haber desaparecido las fuentes que habrían podido darnos algunos datos.


Don Ignacio Camargo, según las noticias que hemos podido adquirir, nació en Celaya, por el año de 1782 a 1783, y perteneció a una acomodada familia de la localidad, que con la revolución casi desapareció. Prestaba sus servicios en uno de los Batallones Provinciales de la localidad. Parece que Camargo, como muchos militares, estaba ligado por los vínculos de la amistad con don Ignacio Allende y don Miguel Hidalgo, y que por razón de vecindad se trataba con mucha frecuencia sobre todo con el primero; de esos tratos a pasar a ser compañeros de conspiración, no había más de un paso, el que sin duda se dio quedando apalabrado Camargo a pronunciarse en Celaya como lo estaba Arias en Querétaro, Sevilla en San Luis Potosí, Villagrán en Huichapan, Mier en Morelia y otros varios en distintos lugares.


Esta circunstancia así como la noticia que Hidalgo y Allende tuvieron, de que la conspriación había sido descubierta en Guanajuato y en Querétaro, fue lo que los hizo dirigirse a Celaya, población grande e intermedia entre las dos citadas, y desde la cual podrían escoger la dirección que más les conveniese. Los partidarios que tenían dentro de la ciudad les hicieron saber que ni el Subdelegado Duro ni los pocos soldados del escuadrón provincial que tenía a sus órdenes el comandante don Manuel Fernández Solano, pensaban hacer resistencia.


Entraron en la ciudad los Independientes y desde luego se ve la mano de un abogado, (don Carlos Camargo que fue nombrado Sub delegado), en la convocación del ayuntamiento y el discernimiento de grados para evitar discusiones como la que hubo en San Miguel entre los dos principales caudillos. En cuanto a don Ignacio Camargo, se unió al ejército Insurgente con el grado de Coronel, y con tal carácter acompañó a Abasolo, intimaren rendición a Bravo, en Guanajuato fue llevado a la Alhóndiga de Granaditas, donde el mismo Intendendente, después de oír ka opinión de los europeos y de los soldados, contestó a Hidalgo que ni le reconocía carácter oficial auno ni se rendía. Con esta contestación regresó el parlamentario a la Hacienda de Burras, donde se encontraba aquel jefe, y empezó el ataque de la ciudad.


Camargo siguió en el ejército con el grado de Mariscal, que se le dio en Acámbaro, y estuvo en Las Cruces, Aculco y Guanajuato, de donde pasó a Guadalajara; su carácter de subalterno hizo que no se le volviera a nombrar, no obstante que fue uno de los que en su esfera trabajó más por organizar el ejército y de que se batió bien en Calderón. Cayó prisionero en Baján y llevado a Chihuahua. Se le formó una breve causa que no duró ni quince días, y en la que no pudo defenderse el acusado, pues ni siquiera por vía de formalidad se ocuparon de dar los jueces defensores a los presos. El 10 de mayo de 1811 fue fusilado Camargo, en compañía del Brigadier don Juan Bautista Carrasco y de Marroquín, el ejecutor de las órdenes de Hidalgo.


La circunstancia de haber sido ascendido a Mariscal indica que Camargo prestó servicios más notables que los de otros muchos a la causa de la Independencia, y si no se conocen con exactitud, se debe al poco cuidado que hubo entre los Insurgentes de la primera época, de llevar un diario de las operaciones, donde constasen los hechos de la campaña y los de los jefes principales.


Juan Bautista Carrasco


Aun cuando sea en pocas líneas debemos hacer mención de todos aquellos individuos que tomaron parte en la revolución desde sus comienzos y que fueron a morir en Chihuahua, ya que por falta absoluta de datos no nos es posible hacer la biografía de todos y cada uno de los veintitrés fusilados en aquella ciudad, los seis sacerdotes ejecutados en Durango y los varios que lo fueron en Monclova haciendo un total como de cincuenta personas.


Don Juan Bautista Carrasco fue de los primeros que tomaron parte en la guerra y probablemente desde Dolores o San Miguel siguió al ejército Independiente; para decir que desde Dolores lo hizo, tenemos el dato de que se ignora a ciencia cierta los nombres de las personas que en la casa de don Miguel Hidalgo la noche del 15 al 16 de septiembre, y aunque en diversas ocasiones se han publicado los de algunos individuos que se dice fueron los primeros Insurgentes, las listas respectivas nunca han coincidido unas con otras; para creer que Carrasco se incorporó en San Miguel, nos fundamos en la circunstancia de que siempre caminó en unión de don Luis Malo y don Luis G. Mireles, que se unieron en aquella población o en sus cercanías a las huestes de Hidalgo. Además figurando, como figuró, poco tiempo en el ejército, su nombramiento de Brigadier que se le dio en Celaya, solo se explica por su incorporación a aquel desde el principio. En fin, entre la multitud de jefes que hubo y entre los que cayeron prisioneros en Baján, Hidalgo, Aldama y los demás lo distinguían perfectamente, como se ve en las respectivas causas, lo que no hubiera sucedido si se hubiera unido después a las tropas independientes.


De Celaya fue despachado por Hidalgo a Acámbaro para hacerse de recursos y de gente y se incorporó en Silao a pocos días. Estuvo Carrasco en Guanajuato y en Las Cruces mandando el número de hombres que le correspondía y en esta última batalla se encontró a las inmediatas órdenes de Jiménez, como estuvo Malo. Después de Aculco se dirigió a Guanajuato en cuya defensa tomó parte y se retiró a Zacatecas con Allende; cuando éste jefe comisionó a Jiménez para que se dirigiese al norte, le dio como subalternos a Carrasco, a Malo y a Mireles, "personas apreciables de buenos sentimientos", dice un escritor. Estuvo en toda la campaña de las Provincias Internas y en la batalla de Agua Nueva y entró al Saltillo.

En esta plaza Jiménez que tenía que atender al Gobierno de una bastísima comarca decidió encargar la continuación de la campaña hasta Monterrey a sus subalternos y al efecto destacó a Carrasco y a Mireles con doscientos hombres sobre la capital del Nuevo Reino de León, donde mandaba don Manuel Santa María, que tenía el carácter de Gobernador de la Provincia.


El señor Marín, obispo de la Diócesis, no esperó a los Insurgentes, sino que abandonó la ciudad y se embarcó rumbo a Veracruz. Santa María, encontrándose con poca fuerza, y sobre todo, teniendo en cuenta el estado de la opinión pública no se atrevió a resistir a Carrasco y se declaró por la revolución, que le dio el empleo de Mariscal. De esta manear quedó por la Independencia toda la basta región de las Provincias Internas de Oriente y sin gobernantes españoles, pues Cordero, que lo era en Coahuila, era prisionero de Jiménez; Salcedo, de Texas, lo era de Casas y el de Nuevo león se había declarado Insurgente. La ocupación de Monterrey se verificó a mediados de enero de 1811 y a los pocos días de ella entraron a la ciudad Jiménez y los demás jefes Insurgentes, siendo perfectamente recibidos, pues ni el más insignificante acto de desorden permitió Carrasco; el Ayuntamiento y las autoridades salieron a recibir a Jiménez, y en la puerta de la catedral fue recibido bajo palio por el Cabildo, entonándose en seguida el Te Deum al que siguió un banquete, como era de rigor en esos casos.


Carrasco permaneció en Monterrey aun después de salido Jiménez, y solo dejó la ciudad cuando supo del viaje de los caudillos y los rumores de que Ochoa y Melgares trataban de atacarlos en el camino; en unión de Santa María salió de la ciudad y se adelantó hasta la Hacienda de Patos, donde encontró a Allende, que fue el primero que llegó. Resuelto definitivamente el viaje a los Estados Unidos, fue de los designados a tomar parte en la expedición, dato que corrobora nuestro aserto de haberse pronunciado desde el principio, pues los caudillos procuraron ir acompañados de toda la gente que conocían bien.


Cayó prisionero en Baján y se le llevó prisionero a Chihuahua, juzgando que su persona era de gran importancia como sí lo era ya, por el papel tan principal que había despeñado en la campaña de Nuevo León. Su causa fue una verdadera sumaria que terminó en pocos días con una sentencia de muerte; Carrasco fue fusilado en la mañana del 10 de mayo de 1811, en compañía del Mariscal Camargo y de Marroquín; estas ejecuciones fueron el preludio de las numerosas que se hicieron en Chihuahua.


En la imposibilidad de adquirir más datos acerca de los individuos cuya carrera y fin fueron muy parecidos a los de carrasco, nos conformamos con mencionarlos aquí. Estos individuos fueron: don Pedro León, que tuvo el carácter de Mayor de Plaza, y del que se ignoran sus antecedentes, cuando se incorporó al ejército Insurgente, y lo hizo con él, fue fusilado el 6 de junio; don Nicolás Zapata, Mariscal; companero de Carrasco en toda la compañía del norte y que ayudó a la revolución de San Luis Potosí; fue fusilado el mismo día 6; y el Intendente del Ejército, don José Solís, que por el cargo que tenía, parece que desde Dolores o San Miguel se adhirió a la insurrección, fue fusilado el 27 de junio. Sirvan estas líneas para recordar los nombre de estos humildes colaboradores de la obra de nuestra Independencia, ya que no es posible conocer los hechos de su vida; con su muerte en un cadalso adquirireron el derecho de que la posteridad recuerde siquiera sus nombres con agradeciemiento y veneración.


Del único que intencionalmente no hemos hecho referencia, no obstante que disponemos de datos para hacer su biografía, es de Marroquín, porque en concepto nuestro, ese hombre ningún servicio prestó a la causa nacional, antes contribuyó a desacreditarla, con su conducta". (1)

Fuente:


1.- Villasenor y Villasenor, Alejandro. Biografías de los héroes y caudillos de la Independencia. Editorial Jus. México, 1962. Edición electrónica. Biblioteca Digital Bicentenario DBD. www.vicentenario.gob.mx

Para ver datos biográficos de Agustín Marroquín, entra aquí:
http://cabezasdeaguila.blogspot.com/2010/12/vicente-loya-y-agustin-marroquin-los.html