jueves, 26 de mayo de 2011

Las ejecuciones en Chihuahua, 1811; el lugar de los hechos

Dentro del carisma que emana de la figura de Hidalgo, hay facetas distintas, quizá algunas de ellas glorificadas por los doscientos años de historia que han creado a un personaje mítico, un viejito bonachón que dista mucho de lo que ahora hemos aprendido, al irlo siguiendo a lo largo de casi 3 mil quinientos kilómetros, una persona carismática sí, pero con ciertos vicios y virtudes que a momentos lo hacen contrapuntear con el otro dirigente del movimiento, Allende, al grado que éste último lo quiere asesinar. Me sorprende ver en el elenco inicial a cinco músicos, mismos que vivían en su casa de Dolores y que lo hicieron también en su casa de San Felipe Torresmochas. Esto nos da prueba clara de el joie du vie que don Miguel tenía. Pero hay algo que me llama aun más la atención de su figura, esa agilidad, esa fuerza para viajar en las condiciones en que se viajaba en el siglo XVIII. Al principio seguramente forzado por las circunstancias, la muerte de su madre, que lo hace trasladarse hasta Tejupilco, Estado de México; para luego regresar a Pénjamo y seguir a La Piedad y Valladolid... más adelante tendría que desplazarse a la Ciudad de México para su titulación, luego forzado a retirarse a Colima para, más adelante moverse a San Felipe Torresmochas. Ni que decir de sus continuos viajes al rumbo de Taxiamora para ver su hacienda ganadera y sus continuos ires y venires a Querétaro, San Miguel y varios puntos más en donde igual se celebraban eventos sociales que corridas de toros.


El cura Hidalgo, infatigable recorrió parte de Guanajuato, Michoacán y Estado de México para adentrarse nuevamente a Guanajuato luego de la derrota en Aculco, finalmente pudo reposar, luego de dos meses agotadores, en Valladolid. El resto del recorrido lo hemos conocido ya a través de los más de 350 artículos que aquí se contienen pero, algo aun más me sorprende. Hay gente que está destinada a nunca parar, incluso ya muerta, tal es el caso de don Miguel Hidalgo. Sus restos, hasta la fecha se han movido continuamente, el año pasado a raíz de los festejos del Bicentenario su osamenta se movió nuevamente y ni que decir de sus monumentos, muchos de ellos, de esos que se han levantado en su honor, han sido movidos, su figura es incansable y, enfectivamente, se sigue moviendo.


Este plano que ahora vemos lo encontré en el libro del historiador nayarita, Luis Castillo Ledón, y en el aparece el diagrama que nos indica la disposición que tenían el lugar de los hechos cuando el sacrificio del Padre de la Patria. En él nos muestra el Colegio de Jesuitas y el Hospital Real, en el primer caso hay una nota que dice: "Esta manzana amplificada y a mayor escala corresponde a los números 5 y 6 de éste plano". El número 6 no aparece, quizá sea el casillero debajo del número 4. La explicación que allí se anota es la siguiente:


1.- Lugar preciso donde cayó exánime el gran mártir Hidalgo acribillado por las balas españolas.

2.- Sala en la que se efectuó la lúgubre ceremonia de la Degradación Canónica del sacerdote don Miguel Hidalgo y Costilla.

3.- Prisión de Allende

4.- Prisión de Jiménez

5.- Prisión de Abasolo

+++ lugar donde entró Hidalgo y los demás héroes presos a Chihuahua

6.- Capilla de San Antonio en el Templo de San Francisco donde fue sepultado el cadáver de Hidalgo.

El que vemos aquí, dibujo de autor anónimo, se dice que es Melchor Guaspe, tal parece que fuera su mascarilla fúnebre. Fue él junto con Miguel Ortega las dos personas con quien Hidalgo mantuvo contacto durante sus tres meses de prisión, llegando a hacer tal amistad que es precisamente a ellos a quién escribe sus poemas en los muros de su prisión. Melchor Guaspe, marinero nacido en la isla de Mallorca llegó a la Nueva España y se estableció en la villa de San Felipe de Chihuahua, ante los acontecimientos de la captura de los líderes Insurgentes, es nombrado Alcaide de la prisión, siendo Hidalgo, luego de la ejecución de los otros 22, el único prisionero al que atendían. Compadecido ayudó al cura a pasar sus últimos días con mayor dignidad, se dice que le llevó un violín, instrumento al que Hidalgo era muy aficionado a tocar, así como libros y comida de su propia casa. Una vez consumada la Independencia y dictadas las leyes de expulsión de los españoles de México en 1825, a Guaspe le es otorgada la nacionalidad mexicana como reconocimiento a la ayuda proporcionada al Padre de la Patria.


Esta fotografía forma parte también de las que tomara Castillo Ledón en 1909 cuando hizo el recorrido de casi toda la Ruta de Hidalgo, corresponde a la antigua plaza de los Ejercicios, lugar en donde fueran fusilados Allende, Jiménez y Aldama y donde fuera exhibido el cadáver de Miguel Hidalgo.


Siguiendo las órdenes dadas por el virrey, las cabezas de los cuatro caudillos fueron colocadas en cajas con sal, algunos dicen que en barricas con vinagre, otros que una combinación de ambas. Las de Allende, Aldama y Jiménez llevaba ya un mes en esa condición, al parecer habían sido enviadas ya a Zacatecas, ahora, el 27 de julio, luego de haber sido exhibido el cadáver de don Miguel Hidalgo, sería decapitado y, su cabeza puesta en sal. El 5 de agosto saldría rumbo a Zacatecas para luego llegar a la macabra exhibición, cosa común en esa época, a todo lo largo del Camino Real, hasta su destino: la Alhóndiga de Granaditas.


Así pues, este recorrido que venimos haciendo de las estelas de Cabeza de Águila, se transforma en un recorrido de la Cabeza de Hidalgo... es por eso que digo que si hay un personaje en toda la Historia de México que se sigue moviendo, ese es don Miguel Hidalgo y Costilla, el Padre de la Patria.


Enlace:


Una de las cosas buenas que se publicaron en el año del Bicentenario fue, sin lugar a dudas, la Nueva Biblioteca del Niño Mexicano, en su número 12 aparece la figura de Guaspe:



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