jueves, 6 de enero de 2011

Ojo Caliente, Zacatecas. Cabeza número 161

Llegamos a Ojo Caliente, en Zacatecas, por varias referencias leídas acerca de que este fue el paso de Hidalgo, con la duda si iba o venía de la capital de la Intendencia de Zacatecas, luego nos enteramos que fue aquí en donde el derrotero enfiló en dirección oriente rumbo al altiplano que hoy día conforma el norte del Estado de San Luis Potosí. No encontramos ninguna Cabeza de Águila y esto me acaba de confirmar que, lo expresado por el prfesor Jiménez de la Rosa en su libro (1) fue hecho en base a referencias que pudo obtener de los profesores e inspectores que la Secretaría de Educación tenía en ese entonces, 1950-1960 en el norte el país.

En la serie de juntas que se dieron entre los Cronistas de las zonas por donde el ejército Insurgente pasó en su rumbo norte, por cierto, la zona menos estudiada, quizá porque desde que Castillo Ledón hizo su recorrido en 1909, lo termina en la ciudad de Zacatecas para reiniciarlo en la capital potosina para seguir a Saltillo, eliminando de su estudio toda la parte que el día de hoy estamos iniciando, desde Ojo Caliente para llegar hasta Matehuala. Así pues los mencionados Cronistas han tenido a bien adentrarse en el estudio de la región y nos confirman puntualmente que el 5 de febrero de 1811, Allende, encabezando el ejército Insurgente, pasa por la Villa del Sacramento, lugar en el que hay un ojo de agua caliente.

Me intriga pensar en la religiosidad, no tanto en la de Hidalgo, que bien sabemos llevaba un buen tiempo sin oficiar; sino en la de Ignacio Allende, a quién hace apenas tres meses, en Guanajuato, lo vimos sosteniendo el manto de Nuestra Señora del Patrocinio en solemne procesión. Aca, en Zacatecas recién había concluído la fiesta de la Candelaria, que antiguamente se conocía como la Fiesta de la Presentación, la cual era de precepto y existía la obligatiedad en asistir a ella. Desconozco si los Insurgentes se daban tiempo para asistir a cumplir con los preceptos.

Dice don Lucas Alamán: "Allende, en quien había recaído el mando en consecuecia de este suceso (se refiere a lo acontecido en la Hacienda del Pabellón), conociendo que no podía sostenerse en Zacatecas, resolvió retirarse con las fuerzas que tenía al Saltillo, único punto de seguridad que por entonces le quedaba, debido a haberse desconcertado por aquel rumbo la combinación de Calleja, por la defección de las tropas de Cordero en Aguanueva... Alejados de Zacatecas Allende y los demás jefes principales de la revolución, a los que se habían unido como director de ingenieros don Vicente Valencia, uno de los más distinguidos alumnos del Colegio de Minería que se hallaba en aquel mineral..." (2)

Las tunas son cosa habitual en la región, las hay blancas, que son las de huerto; y las moradas, que son las silvestres, (según lo tengo entendido).

" En términos generales, y si se considera otras regiones de la Nueva España, Zacatecas estuvo relativamente a salvo de los actos violentos de los años 1810-1811. En efecto, los Insurgentes, entre cuyas filas figuraban una gran cantidad de operarios de las minas, especialmente de La Quebradilla, habían respetado su potencial económico, sus minas, cuya explotación nunca fue totalmente interrumpida. El jefe de los Insurgentes, Ignacio Rayón, asumió personalmente la explotación y, hecho significativo, restableció el sistema del partido como remuneración de los operarios.

La Casa de Moneda de la ciudad continuó funcionando, y emitió una moneda provisional -a iniciativa de los mineros y comerciantes que permanecieron en el lugar- en la que aparecía una reproducción del cerro de la Bufa y el lema de la ciudad: Labor Vincit Omnia. La vida económica nunca se vio paralizada como en Guanajuato, en donde, de manera muy simbólica, la Casa de Moneda suspendió totalmente sus actividades. Hecho simbólico, el realista Calleja -después de su victoria en mayo de 1811- no puso en entredicho las iniciativas adoptadas por Rayón, a causa de la falta de numerario y a fin de no perjudicar la economía local. Unicamente el sur de la Intendencia (Juchipila, Tlaltenengo, e incluso Aguascalientes, Pinos, Nochistlán -región de relieve accidentado y montañoso, de pequeños ranchos diseminados en las sierras o de poblados indios afectados por la crísis de subsistencia-) fue, después de esta fecha, escenario de una actividad revolucionaria constante". (2)

Fuentes:

1.- Jiménez de la Rosa, Felipe. Ruta de Hidalgo 1810-1811. Lápiz y Papel de México. México, 1960

2.- Langue, Frédérique. Los señores de Zacatecas. Una aristocracia minera del siglo XVIII novohispano. FCE. México, 1999.


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