miércoles, 10 de noviembre de 2010

Lo que sucedió a Calleja y el Ejército Realista luego de la batalla de Calderón


Eran las cuatro de la tarde, y el ejército realista, después de seis horas de combate en que varias veces estuvo a punto de ser completamente destrozado, acampaba vencedor sobre las posiciones de los independientes, apoderándose de ochenta y seis cañones, de varias banderas y de gran cantidad de armas, municiones y perterechos. La caballería persiguió a los fugitivos; el viejo conde de la Cadena, despechado por las derrotas que habían sufrido aquel día, se lanzó también en seguimiento de los dispersos pero llevado por su arrojo demasiado lejos, se vio de repente rodeado de enemigos y sucumbió lucahndo como bueno; y al día siguiente se encontró su cadáver lejos del campo de batalla y cubierto de heridas.

Fue la persecución activa y sangrienta, y aquél enorme ejército, cuyos jefes principales tomaron la dirección de Aguascalientes y Zacatecas, acuchillados sin piedad por la cabllería, iban dejando tras sí un reguero de muertos. Tal fue la Batalla de Puente de Calderón, que demostró una vez más la superioridad del orden y la disciplina respecto del número, "triste y tardío desengaño, dice un historiador [José María Luis Mora] pero muy útil a los que habían tomado por su centa la causa de la patria, que en lo sucesivo procuraron organizar sus fuerzas de otro modo y lograron prolongar la resistencia por diez años hasta el triunfo final que vino en 1821". Considerable fue la pérdida de los independientes en esta memorable batalla, auqnue no llega a expresarse en ningún documentooficial el número de muertos y heridos que en ella tuvieron; la de los realistas según las noticias más seguras, ascendió a quinientos de unos y otros, contándose entre las primeras el conde de la Cadena, como hemos dicho ya, y entre los segundos el general Emparán y el capitán don Gabriel Martínez, comandante del escuadrón de dragones de España. Unos y otros, indpendientes y realistas, pelaron ese día con igual bravura, y si al cabo la fortuna favoreció a los soldados veteranos, que de nada carecían y cuyo equipo y armamento eran brillantes, no fue sino a costa de inmensos esfuerzos; y más de una vez se vieron en peligro de ser destrozados; como lo dijo el mismo Calleja al virrey en un oficio reservado que lo dirigió al día siguiente de la batala. Proponía, además el brigadier español que se concediese a sus soldados un distintivo honorífico por las acciones en que habían combatido (el gobeirno español concedió poco después a los individuos del ejército del centro un escudo por premiode su valor en Aculco, Guanajuato y Calderón, Fernando VII agració a Calleja, cuando éte volvio a España, con el título de conde de Calderón). Y en esta ocasión se expresaba Calleja en los siguientes términos: "Este vasto reino pesa domasiado sobre una metrópoli cuya subsistencia vacila: sus naturales y aun los mismos europeos están convencidos de las ventajas que les restarían de un gobierno independiente; y si la insurrección absurda de Hidalgo se hubera apoyado sobre esta base, me parece, según obsrvo, que hubiera sufrido muy poca oposición".

"Nadie ignora que la falta de numeraria la ocasiona la península; que la escacéz y alto precio de los efectos es un resultado precios de espculaciones mercantiles que pasan por muchas manos y que los premios y recompensas que tanto se escasean en la Colonia, se prodigan en la metrópoli".

"En este estado, si no se acude prontamente al remedio, puede no tenerse; y contrayéndome al ejército, me parece de absoluta necesidad que por ahroa se les distinga con un escudo que en su orla exprese sucintamente las tres acciones que han libertado la América exceptuando unicamente de esta gracia al jefe, oficial o soldado que notoriamente se haya conducido mal, y colocándole al lado izquierdo del pecho..."

"Es menester acudir al remedio, y sococar las quejas en su orígen; y ya que haya dificultad en acordar premios y recompensas efectivas y útiles, no haya a lo menos en conceder distinciones de pura imaginación. Un laurel en la antigua Roma le produjo más victorias que hojas pendían de sus ramas. El ejército es el único apoyo con que contamos, y él es únciamente el que nos ha de salvar. Los pueblos no entran sino por la fuerza de sus deberes".

Calleja se mantuvo sobre el campo de batalla hasta el 20 de enero en que ocupó el pueblo de San Pedro inmediato a Guadalajara, donde se le presentaron los ministros de la Audiencia, el Ayuntamiento, el Cabildo Eclesíastico, los prelados de las religiones y los doctores de la Unviersidad protestando fidelidad acendrada al gobierno virreinal, los unos por lisonjear al vencedor del momento, y los otros por tener realmente vinculados sus intereses con los de la dominación española. No se engañó, empero, el suspicaz Calleja con aquellas ardientes demostraciones de adhesión, y aunque a todos contestó con templanza, escibiría ese mismo día a Venegas: "Aquí se me han presentado, después del medio día que llegué, los miembros de las corporaciones civiles y eclesiásticas con señales del mismo vivo reconocimiento al ejército que los ha libertado de la opresión en que vivían y del amor y fidelidad a su legítimo gobierno. He hecho entender a todos, en nombre de V.E., sus beneficios mirar y aunque no estoy seguro de la sinceridad de las expresiones de todos, he creído necesario usar del lenguaje de la benignidad para inspirar confianza".

Al día siguiente hizo su entrada en Guadalajara dirigiéndose desde luego a la catedral, donde se cantó el Te Deum acostumbrado. Tres horas depués llegó al frente de sus tropas el brigadier José de la Cruz, quién, después del combate de Urepetiro, ( Batalla de Urepetiro), forzó sus marchas para unirse al ejército del centro sin haberlo logrado antes de la batalla de Calderón. No obstante ser Calleja menos antiguo que Cruz en el grado de brigadier, quedó al mando en jefe de los cuerpos del ejército, acordándose luego que mientras el primero permanecía en Guadalajara arreglando el gobierno de la provincia, el segundo marcharía en breve sobre San Bals a fin de arrancarle el poder a los independientes. (1)

Todo el texto aterior fue extraído del libro México a través de los siglos. Hay un párrafo que me llama muchísimo la atención, ese donde Calleja dice de los acaparadores en la metrópoli, es decir, en la ciudad de México y, me hace reflexionar en que, han pasado doscientos años y las cosas no han cambiado en mucho...

Fuentes:

1.- Riva Palacio, Vicente. México a través de los siglos. Tomo V. Editorial Cumbre. México, 1984

Enlaces:

La correspondencia que sostuvo Calleja con el virrey Venegas se puede consultra completa, junto con muchos más documentos en la monumental obra de Juan E. Hernández y Dávalos, Colección de documentos para la historia de la guerra de indpendencia de México de 1808 a 1821. Originalmente publicada a mediados del siglo XIX y que ahora digitalizó la UNAM, la puedes ver aquí:

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada