viernes, 22 de octubre de 2010

Guadalajara, las ejecuciones.

Con motivo de las fiestas del Centenario, en 1909 el historiador Luis Castillo Ledón, junto al fotógrafo Gustavo F. Solís recorrieron casi toda la Ruta de Hidalgo para captar con la tecnología más avanzada de la época, la fotografía estereoscópica, los distintos lugres por donde se fueron dando los hechos. Lo que vemos en la foto son las llamadas Barrancas de Belén, localizadas un poco más al norte del panteón del mismo nombre, lugar donde se realizaron algunas de las ejecuciones.

El otro sitio que se nombra es el Cerro de San Martín, el cual estamos viendo en esta toma histórica que se exhibe en la exposición "La Ruta de don Miguel Hidalgo y Costilla, Miradas de un Siglo que temporalmente (2010/2011) se exhibe en el Museo de la Insurgencia en la Hacienda del Pabellón en Rincón de Romos, Aguascalientes.

A consecuencia de los festejos del Bicentenario, la difusión que se ha dado a cientos pasajes que se mantenían “ocultos”, como la verdadera personalidad del cura Hidalgo y de ciertos acontecimientos que contraponen en mucho la imagen que durante todo el tiempo se mantuvo de él, de ese “cura bonachón” nos va dando una realidad muy distante a la falsa imagen creada. Eso que dijo Allende del “cura bribón” será, tal vez, la descripción más exacta y permitida, considerando las caballerosidades en el lenguaje que se mantenían en esa segunda década del siglo XIX.

A lo largo de estos siete meses en que he venido desarrollando el sitio electrónico que ahora lees, le he dado énfasis al calendario litúrgico pues considero que es importante ir cotejando las festividades y celebraciones que eran obligatorias en la época. El haber leído y recreado la imagen que José María Liceaga nos dio de un Allende llevando el manto de Nuestra Señora de Guanajuato en la celebración del Patrocinio de María por las calles de la ciudad mientras que Aldama, Abasolo, Arias y Jiménez llevaban en andas la propia imagen nos da fiel muestra de la importancia litúrgica y del Martirologio Romano.



Bajo esa idea bien me puedo imaginar lo que fue la víspera del día tan importante para todos los mexicanos de hoy y de antes, que es la celebración de Nuestra Señora de Guadalupe. En la actualidad prácticamente toda la población creyente en nuestro país hace vela esa noche, los templos se mantienen abiertos hasta la una de la mañana pues el fervor hacia la Advocación Mariana, Patrona de México es inconmensurable, si a eso agregamos que desde el inicio de la ruta de Hidalgo se utilizó su propia imagen como insignia revolucionaria e insurgente, bien podemos pensar lo que la víspera del 12 de diciembre de 1810 fue en Guadalajara… pero, dejando de idealizar las cosas, dejando de intuir que se organizaba una fastuosa procesión, la realidad era otra:

“El día 11 (de diciembre) se denunció a Hidalgo que se fraguaba una contrarrevolución por algunos frailes, dos de ellos comisionados para asaltarlo; que en la huerta del convento del Carmen se habían fundido de antemano varias piezas de artillería y que los europeos eran muy capaces de una sangrienta intentona. Creyó lo que se le dijo, y sin proceder al examen legal de un proceso, mandó aprehender dieciséis frailes (la mayor parte carmelitas) considerados como complicados en la intentona y aprobó los sacrificios que se le pedían y que de oponerse ellos le hubieran restado prestigio”. (1)

Con esta denuncia recibida por el ya ensoberbecido Generalísimo y Alteza Serenísima, Miguel Hidalgo, ese miércoles 12 de diciembre, luego de haber recibido a Allende apenas tres días antes, que llegó de Guanajuato a Guadalajara, huyendo de Calleja luego de esa segunda derrota, el temor a que los recientes acontecimientos de Guanajuato se dieran en Guadalajara, el cura Hidalgo, en pleno día de la festividad de Nuestra Señora de Guadalupe, Patrona de México y emblema del movimiento Insurgente, decide pasar por cuchillo a todos los españoles que tenían ya detenidos y que rebasaban los 300.

“Entre todas estas medidas y disposiciones en su mayor parte atinadas, el mismo día 13 de diciembre comenzó una nueva matanza de españoles como la de Valladolid, sólo que en mayor escala y hechas diariamente. Tenían éstos por prisiones los edificios del Seminario y el Colegio de San Juan; eran en número de más de trescientos, custodiados por nutridas guardias. Con la mayor reserva se fueron sacando en partidas de veinte a treinta, cerca de la media noche, montados en malos caballos y conducidos por numerosos indios a la luz de una linterna, a las cercanas barranquitas de Belem, donde se les degollaba despiadadamente. Reprobables como son estos asesinatos hechos a sangre fría y en individuos inermes, tienen su explicación, si no su excusa, en el desenfreno de pasiones que provoca toda lucha revolucionaria; en la crueldad de los jefes realistas; en la circunstancia de que las masas, tan vejadas de los españoles, lo exigían”. (2)

Para entender lo que sucedió en esas barrancas e Belem, es decir, en Huentitán, nos apoyaremos en un estupendo artículo que fue publicado en el periódico Excélsior el 12 de septiembre de 2010: “Del pueblo aparecieron varios ‘matatoros’ a pie: Los hermanos Ávila (Sóstenes, Luis, José María y Joaquín), Francisco Álvarez, José María Castillo, Mariano Castro, José de Jesús Colín, Onofre Fragoso, Ramón Gándara, Guadalupe Granados, Gumersindo Gutiérrez, José Manuel Luna, Rafael Monroy, José Pichardo, Basilio Quijón, Guadalupe Rea, Nepomuceno Romo, Vicente Soria, Xavier Tenorio, Juan Antonio Vargas, Cristóbal Velázquez, Miguel Xirón y Agustín Marroquín.

Dejen platicarles en voz baja que éste último sería conocido como el Torero Marroquín en los patios de Miguel Hidalgo. Fungió como torero en el bajío guanajuatense en los años previos a la Independencia y a quien conoció el libertador Hidalgo y Costilla en su faceta como aficionando y criador de toros de lidia.

Marroquín tendría la fama de ser ladrón y tahúr, pero aún así haría gran amistad con Miguel Hidalgo, llegando a convertirse en mozo de estribo del cura cuando era ganadero. Hombre diestro con la daga, igual tenía fama de matar toros como gachupines. Tarde se perdería del mundo acostumbrado por su patrón, pues sus mañas lo llevarían a penar una condena en la cárcel de Guadalajara, aunque este sanguinario amigo volvería a encontrarse con el cura.

Adelantémonos hasta la llegada de los insurgentes a Guadalajara. Ahí Hidalgo liberó a su antiguo mozo Agustín Marroquín, quien se hallaba recluido por la comisión de diversos delitos. Miguel Hidalgo le nombró como uno de sus capitanes de confianza y escolta personal.

Poco se habla de este personaje oscuro, el que hacía el trabajo sucio del cura Hidalgo. Maestro en el arte de matar toros de una estocada, el Verdugo Marroquín salió de su encierro para dar la puntilla a cientos de españoles horrorizados -hombres, mujeres, ancianos y niños-. En lo oscurito y en despoblado.

Se autorizó (en represalia por las atrocidades españolas) el degüello de unos 200 españoles que se tenían presos, y los cuales fueron sacados fuera de la ciudad en diversas partidas de 20 a 30. Tales actos venían a rebajar mucho el mérito del caudillo, pues pareciera que de esta manera se proponía imitar al sanguinario brigadier de caballería, Félix María Calleja del Rey, o propiciar el intercambio de prisioneros de guerra.

Marroquín, convertido en capitán, fue el instrumento de estos horrores, pues además dirigió los fusilamientos realizados todas las noches durante 15 días en esa ciudad. Mientras eso ocurría, el ganadero y el jinete, Hidalgo y Allende, comenzaban a tener sus diferencias, acentuadas después de la derrota en el Puente Calderón. Allende llegó a pensar en envenenar “al cura bribón”. Resta comentar que Hidalgo tenía a Marroquín cuidándole la espalda. Pero la amistad que se originó en los ruedos se fue perdiendo, hasta el momento de que Allende le quita el mando. Aquella tercia de toreros (Hidalgo, Allende y Marroquín) tomaría otros rumbos, lejos de los bureles, pero con un final igual de trágico “a sangre y arena”. Los tres serían fusilados y, literalmente, perderían la cabeza”. (3)


Los héroes antes de ser eso, antes de pasar al “Parnaso” o al “Panteón” en donde se les venera y se les recuerda, son meramente hombres, personas tan comunes, tan normales y con los mismos sentimientos que todos y cada uno de nosotros, los del género humano, tenemos. Envidias, enfrentamientos, discordias, ambiciones, todo eso ya lo habían experimentado los dos principales jerarcas del movimiento Insurgente, Hidalgo y Allende. Este último, descendiente directo de españoles, nunca estuvo de acuerdo con los robos, asaltos, invasiones y violaciones que se fueron dando a lo largo del recorrido fueron, pues, los acontecimientos de Guadalajara, el inicio de lo que será el fin de la primera etapa de la guerra por la independencia de México.

“Allende, cuya animosidad por el Cura rayaba ya en odio, tanto porque no había ido en su auxilio a Guanajuato, como porque cada día absorbía con mayor fuerza todo el mando de la insurrección, tomó de pretexto estas matanzas para concebir la idea de deshacerse de él, y al efecto consultó con el Gobernador de la Mitra don José Gómez Villaseñor y el doctor don Francisco Severo Maldonado, si sería lícito darle un veneno, y como se lo aprobaran, adquirió inmediatamente el tóxico, el cual dividió en tres partes, dando una a su hijo Indalecio, otra al teniente general Joaquín Arias y reservándose él mismo la otra parte, para ver quien lograba aplicarlo primero”. (4)

Fuentes:

1.- Castillo Ledón, Luis. Hidalgo. La vida del héroe. Versión digitalizada. Morelia, 2009

http://www.hispanista.org/libros/alibros/24/lb24b.pdf

2.- Castillo Ledón, Luis.

3.- Coello Ugalde, José Francisco. Museo Taurino Mexicano y Bibliófilos Taurinos de México, JC Vargas. Artículo publicado en Excélsior, 12 de septiembre, 2010. Hidalgo y Allende, las otras faenas de los héroes patrios

4.- Castillo Ledón, Luis.

Enlaces:

Para entender mejor la importancia de la imagen de NS de Guadalupe y de NS de los Remedios en la independencia, entra aquí:

http://cabezasdeaguila.blogspot.com/2010/04/virgen-de-guadalupe-vs-virgen-de-los.html

Para ver lo sucedido durante el traslado de la imagen de la virgen de los Remedios, entra aquí:

http://cabezasdeaguila.blogspot.com/2010/07/el-traslado-de-la-virgen-de-los.html

1 comentario:

  1. Saludos: Soy Carlos Ruvalcaba profesor universitario. Me he dado a la tarea desde hace algunos años, en estudiar el paso de Don Miguel Hidalgo y Costilla Gallaga por la ciudad de Guadalajara. Desde su entrada por el camino de Tonalá hacia San Pedro Tlaquepaque. Visitando y tomando fotografías de los lugares donde estuvo.
    Revisando muchos libros, revistas y escritos del bochornoso suceso de la matanza de españoles, me di a la tarea de buscar:
    1.- Los edificios donde estuvieron prisioneros los españoles. Llegando a la conclusión que fueron dos.
    2.- Los lugares donde se realizaron estas matanzas. Aquí me he encontrado diversos lugares, pero el cerro de San Martin, esta ubicado demasiado lejos del centro de reclusión de los prisioneros. Se habla de las barranquitas al norte del panteón de belén, e incluso de las barrancas de Huentitan, todavía más lejos. Sin embargo consultando planos de la época, me encuentro con que a unos metros de lo que hoy es el estadio Jalisco, se encontraban barrancones a un lado del rio, siendo el sitio más probable que el sitio de Huentitan. Busco más información
    3.- Del número se habla con certeza de 10 a 13 días de matanza, continua. No menos. Por otro lado se afirma que son más de 700 para unos, 350 para otros, y otros testimonios de solo 200 españoles sacrificados. Se precisa que eran 20 diarios, lo que daría 200 en 10 días. Pero si fue durante 13 días el máximo seria de 260 asesinatos. Y no las grandes cantidades que le cargan.
    4.- Se les tomo prisioneros, a los españoles, y debían pagar por su rescate, no he encontrado alguna cantidad monetaria, y tampoco un testimonio de esta afirmación. Una edición oficial impresa, indica que se les respetaría su vida si pagaban su rescate. La edición es Hidalgo en Guadalajara.
    Agradezco mucho su espacio, e investigo en este momento, si el paso de hidalgo hacia catedral fue por el entonces puente de la hoy calle Medrano, ya que en aquellos años solo había dos cruces.
    Gracias.

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