lunes, 27 de septiembre de 2010

Mujeres en la Independencia, el caso de Pénjamo, Guanajuato


El caso de la participación de las mujeres en el movimiento de Independencia nos conduce ahora a uno de los episodios más vergonzosos en donde la presencia de las mujeres se vuelve de carácter único, pues es a través de ellas que se ejerce la presión de la Corona española tratando de detener el movimiento que en el centro del Bajío había cobrado su mayor fuerza. El personaje que debemos conocer un poco para entender mejor este caso es Agustín de Iturbide, quien ambicioso, primero sirve al ejército realista y luego pasa al bando opuesto para pelear en contra de quienes primero defendió.


Se sabe de la ferocidad de Iturbide, dentro de su anecdotario destaca que siendo niño gozaba de arrancarle las patas a las gallinas para deleitarse viéndolas caminar con los muñones, con tan solo esta idea nos podemos figurar lo que fue siendo ya adulto. De su carrera militar podemos ver como se fueron sucediendo los ascensos, ingresó como alférez en el Regimiento de Infantería Provincial de Valladolid, estando bajo las ordenes del conde de Rul, quién, por cierto, en 1810 fue capturado en emboscada planeada por doña Catalina Gómez de Larrondo en las cercanías de Acámbaro y que, en buena medida, generó el cambio de ruta del movimiento insurgente que planeaba originalmente seguir de Guanajuato a Querétaro y de allí a la ciudad de México, en cambio, estando detenidos Rul y García Conde, el rumbo se cambió a Valladolid.


Meses después de la batalla del Monte de las Cruces Iturbide obtiene un ascenso y pasa a ser el Segundo Jefe del Batallón de Tula para que dos años más tarde, 1813, ostentara ya el rango de Teniente Coronel. Bastaría tan solo un año para que Calleja lo nombrara Comandante del Bajío y es allí en donde el que luego se proclamaría como I Emperador de México tiene su muy cuestionable actuación ya que, ensoberbecido por las derrotas y ejecuciones causadas a los aguerridos insurgentes del Bajío, entre ellos, María Tomasa Estévez Salas, quién por ordenes del cruel y sanguinario Comandante es fusilada y decapitada en Salamanca. Este acto sería, en buena medida, el inicio de una feroz persecución en contra de las mujeres. El levantamiento cobra especial fuerza en la parte sur de Guanajuato y es en Pénjamo donde encontramos a un grupo de casi 300 mujeres que son detenidas, junto a sus hijos por ordenes de Iturbide, acusándolas de una sola cosa: ser mujeres.


“El 29 de octubre de 1814, una semana después de proclamada la Constitución de Apatzingán, Agustín de Iturbide ordenó la detención de las mujeres insurgentes de la intendencia de Guanajuato y determinó, entre otras cosas: “que las mujeres e hijos menores de los maridos y padres que siguen el partido de los rebeldes, ya sea en clase de cabecillas, ya en la de simples insurgentes, seguirán la suerte de aquellos”… la vida privada de las mujeres que optaron por la insurgencia, se convirtió durante la guerra en un asunto de seguridad política…” (1)

Esa hecho de acusar a las mujeres de ir en contra del régimen incluía varios puntos, todos absurdos, todos faltos de moral y abiertamente misóginos, pues llegó el momento en que a toda mujer que no acatara las leyes establecidas por la Corona se le tildaba, prácticamente de prostituta, pues se decía que ofrecían favores sexuales y seducían a la tropa. Dentro del listado de cargos se incluía el contrabando de mensajes y de armas, el espionaje y la conspiración, el apoyar económicamente a los insurgentes, el auxiliarlos como guías en los caminos desconocidos, el darles comida y agua, el curarles heridas y funcionar prácticamente como enfermeras y lo peor aun, por enterrar a los muertos.


De la lista de las denominadas “Mujeres de Pénjamo”, episodio cruel de la guerra de Independencia, encontramos los nombres de:

Arellano, Petra
Arias María
Barrón, María Regina
Bribiesca, María
González, Rafaela
Gutiérrez, Manuela
Izarrarrás, María Vicenta
López, María de Jesús
Lozano, Lisa
Machuca, Ana María
Paul, Maria Josefa
Rico, Casilda
Rico, Maria Josefa
Sixtos, María Josefa
Suasto, María Manuela
Uribe, Francisca
Vedolla, Micaela
Villaseñor, Juana María

Junto “con otras varias mujeres fueron aprehendidas los días 29 y 30 de noviembre de 1814 en sus casas y calles del pueblo de Pénjamo y de la hacienda de Barajas de la misma localidad, por el coronel Agustín de Iturbide, comandante general de las Tropas del Bajío y Segundo Ejército del Norte. Con sus hijos fueron trasladadas unas a la ciudad de Guanajuato y otras a las de Irapuato, estas últimas fueron después trasladadas a Querétaro y luego liberadas…” (2)


Una de las acciones paralelas que se daban en la región del Bajío, a cargo de Agustín de Iturbide era que los insurgentes, además de seguir peleando, luego del fusilamiento de Albino García, siguieron, entre otros Andrés Delgado revolucionando, dentro de esas acciones se incluía la quema de pastizales y, en ocasiones de las haciendas, llevando consigo el saqueo a sus trojes. Se sabe que en el actual Irapuato y Salamanca, esto sucedió en varias ocasiones, uno de los lugres fue la hacienda de Temascatío. “Agustín de Itrubide, enfurecido por estas acciones, ordenó incendiar Valle de Santiago y todas las poblaciones donde hubiera simpatizantes de los rebeldes y, como medida ejemplar, amenazó con fusilar a las mujeres que tenía presas en las Recogidas de Guanajuato e Irapuato y a las (decía) “que en lo sucesivo aprehenderé” cuando los insurgentes cometieran ciertos delitos. Además aseguró que, para escarmiento de todos, las cabezas de las mujeres así ejecutadas serían colgadas en el sitio donde se hubiera cometido el delito que castigaba…” (3)


Siguiendo con el interesantísimo estudio hecho por la doctora Garrido Asperó en relación a la actividad de la mujer durante la insurgencia, encontramos que “la rudeza con la que fueron tratadas las mujeres de Pénjamo y de otras regiones durante la guerra de Independencia no solo fue una medida de fuerza para someter a los soldados insurgentes, es decir, ellas no fueron detenidas en calidad de rehenes. En realidad las autoridades y militares relistas estaban convencidos de que las mujeres actuaban a favor de la causa rebelde. Su plan para recuperar el control político y militar del territorio incluyó, además de la persecución militar de los insurgentes, el desmantelamiento de las bases de apoyo que los habitantes de los pueblos proporcionaban a los rebeldes y este apoyo era proporcionado por las mujeres que se quedaban en los pueblos.

Conscientes de la amenaza que representaban, fueron recrudeciendo los castigos contra las mujeres que eran detenidas. Si las calificaron de prostitutas, si hicieron referencia al “poder del sexo”, fue porque de esa manera negaban a las mujeres existencia política y desprestigiaban su posición recrudeciendo a una condición moral su conducta”. (4)


Fuente:
Todo lo que aparece en cursiva fue tomado de:

Garrido Asperó, María José. Disidencias y disidentes en la Historia de México. Capítulo: Entre hombres te veas: las mujeres de Pénjamo y la revolución de Independencia. UNAM. México, 2003.

Si te interesa ver los artículos anteriores sobre mujeres en la Independencia, aquí encontraras el listado de 147 de ellas:


Las biografías de la A a la L.

Las biografías de la M a la P

Las biografías de la R a la Z

Otras biografías:

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