martes, 13 de julio de 2010

Puente de la Hacienda de Atenco, muncipio de Santiago Tianguistenco, Estado de México. Cabeza número 60

Llegamos a un puente más, un puente en el que se marca también la Ruta de la Libertad, la Ruta de Hidalgo. Estamos en el puente de Atenco y vemos con curiosidad como, hasta este momento buena parte de la ruta ha seguido río arriba al río Lerma. En Atenco estamos, prácticamente en la zona en que nace.



Río Lerma es el nombre que actualmente tiene, antes los españoles lo nombraron río Grande de Toluca, y antes todavía Nuño de Guzmán lo denominó como río de Nuestra Señora de la Purificación de Santa María, esto por haberlo visto un 2 de febrero del año de 1530. Pero el río tuvo nombres de mayor intensidad, nombres que lo describían mejor, los nombres que los antiguos mexicanos le dieron: Madonté, Chignahuapan y Matalzingo.



Y es aquí, en la zona donde se ubica el Puente de Atenco, que nace el río Lerma, el cual había sido ya cruzado por don Miguel Hidalgo y su ejército Insurgente en varias ocasiones, la primera en Salamanca, en donde, seguramente tuvo que usar canoas para continuar su recorrido rumbo al Valle de Santiago el 10 de Octubre de 1810, nuevamente lo cruza, el 12, por Salvatierra, lo hará de nuevo en Acámbaro, luego en la Hacienda de Solís; más adelante al entrar a Ixtlahuaca y luego por el Puente de San Bernabé, antes de entrar en Toluca y ahora, será la séptima vez aquí en Atenco.



De los varios nombres que ha recibido el río Lerma, el más emblemático de todos es, sin lugar a dudas el de Chignahuapan, que refiere a ese lugar mítico, asociado con el número 9 y que nos refiere sea a los 9 meses de vida dentro del vientre materno, nadando en el líquido amniótico que al 9 que en el catolicismo entendemos como novena cuando morimos. El 9 en su representación de la vida terrena y la vida celeste, el 9 como principio y fin, en el infinito ir y venir… el Chignahuapan como parte de la mitología en la que se decía que para llegar al paraíso se tendría que cruzar un río, precisamente el llamado con ese nombre.



Y por casualidades de la vida, por sarcasmos que la historia va tejiendo en día a día, época con época, hace que sea, el más nefasto de todos los españoles llegados a México: Nuño de Guzmán, sea él quien precisamente “bautice” al río con el nombre de Santa María, Nuestra Señora de la Purificación, justo el día en que el calendario cristiano evoca la purificación tomando la ancestral tradición que en la noche de los tiempos pierde su origen y que no es más que la purificación de la tierra para que reciba la nueva semilla que dará frutos, esto justo el día que marca matemáticamente la mitad del invierno, en oposición geométrica cuando, en la otra mitad del año se marca el día de los difuntos… día de los difuntos en al cual estaba muy próximo el ejército Insurgente al cruzar por el puente de Atenco.



Leemos nuevamente el libro de don Lorenzo Camacho, el cual nos recrea el episodio de lo sucedido en el Puente de Atenco:


“Una y otra vez lo sucesos se repiten y empieza el ejército realista a sufrir considerables bajas. Se ve obligado Trujillo a salir en auxilio de los suyos y dispone personalmente la ofensiva y luego la defensiva.



Encuéntrase en tales operaciones cuando un enviado de la partida en el puente de Atenco se le presenta azoro, y:


- ¡Excelencia! ¡El enemigo se nos acerca al puente! ¡Al parecer es una columna enorme! ¡Viene por el camino y desparramado en los llanos…!


Terrible sorpresa, aun cuando ya la estaba temiendo por la reflexión del cura Viana.


Apresuradamente retorna a su posición de comando y, al capitán del Regimiento de Tres Villas, don Antonio Argüelles y al de Dragones de España, don José Pérez:



- Id raudo con cincuenta hombres de vuestro cuerpo, capitán, capitán Argüelles. Vos le daréis apoyo con cuarenta caballos, capitán Pérez, llevaréis, capitán Argüelles este breve oficio al subdelegado de Santiago Tianguistenco que es español muy de confiar. Os dará y le exigiréis en caso necesario, gente y lo que sea necesario. Pero no os detendréis en el lugar sino que volareis a cortar el puente y daréis batalla a aquellos infames traidores. Los detendréis y haréis todos los sacrificios por rechazarlos y disolver su cabeza. Tras de vosotros irá una hora más tarde el fuerte refuerzo que viene de México. Pero no os atendréis a que llegue sino que obraréis como os he ordenado…” (1)



Será bueno saber que a este punto, 29 de octubre, 1810, por la tarde, el ejército Insurgente estaba ya desplazado por los dos lados, tanto por el camino que conduce a Cuajimalpa desde la ciudad de Lerma, como por toda la zona en torno a los manantiales del río: San Antonio la Isla, Santa María, Tianguistenco, Atizapán, Xalatlaco… faltan pocas horas para que se libre la Batalla del Monte de las Cruces y está haciendo, mucho, mucho frío.



“En esta actitud permanecieron los realistas durante todo el día 28, esperando ser atacados de un momento a otro por la calzada de Toluca, pero al día siguiente, 29, Trujillo, advertido por el cura Viana, de Lerma, de que los Insurgentes pudieran dirigirse por el puente de Atenco, situado al sur de ésta ciudad, para cortarle la retirada, empezó a concebir serios temores por la seguridad de su nueva posición. Destacó entonces algunas tropas para defender aquel punto, y previno al sub delegado de Santiago Tianguistenco, pueblo cercano al puente, que cortase éste a fin de impedir el paso al enemigo. Pero las órdenes de Trujillo no se ejecutaron con puntualidad: su destacamento fue arrollado, y una fuerte división del ejército independiente se desbordó impetuosa por el fuerte de Atenco con el intento de seguir avanzando por el camino que de Santiago Tianguistenco conduce a Cuajimalpa y de envolver por la espalda a los realistas”. (2)



Fuentes:


1.- Camacho Escamilla, Lorenzo. La batalla del Monte de las Cruces. Editorial Campanas. Toluca, 1953.


Este libro lo puedes leer virtualmente en el sitio oficial del Ayuntamiento de Mexicaltzingo.

http://www.mexicaltzingo.gob.mx/go88.html


2.- Riva Palacio, Vicente. México a través de los siglos. Tomo V. Editorial Cumbre. México, 1984.



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