sábado, 26 de junio de 2010

Charo, Michoacán, escala antes de entrar a Valladolid en la Ruta de Hidalgo. Cabeza número 28

Charo se encuentra en la mismas circunstancias que Indaparapeo, Zinapécuaro y Valladolid en Michoacán, en el sentido de que por aquí hubo dos pasos del cura Hidalgo en su Ruta de la Libertad y solo existe una estela de Cabeza de Águila, hasta ahora solo hemos vistos dos en Guanajuato y dos en Irapuato, en el resto de las ciudades, cuando las hay, es solamente una.


“A las cuatro de la mañana del día siguiente, 17, ya todo mundo estaba en pie y disponiéndose para la marcha. Hidalgo ordenó al canónigo Betancourt que dictara a su secretario don Valentín Aradilla, un oficio dirigido al jefe del Cabildo Eclesiástico, diciéndole que dispusiera su recibimiento para el mismo día entre once y doce de la mañana, pliego que fue enviado con un lego juanino que se brindó a ello. A las seis y media de la mañana se puso en marcha el grueso del ejército, el que con las avanzadas que lo precedieron y la gran cantidad de gente agregada desde la salida de Guanajuato, formaba a aquellas horas una formidable masa humana, provista de abundante tesoro, armas, parque y provisiones, y bien pagada, pues no sólo llevaba sus haberes al corriente, sino que se le adelantaba por tres y cuatro días, a razón de cuatro reales a los infantes y de un peso a los de caballería. Se hizo un ligero alto en el pueblo de Charo, y a mediodía llegaba el ejército a la garita del Zapote, disponiéndose para entrar en la ciudad”. (1)


Así pues, con esto comprobamos que la noche del 16, el cura Hidalgo la pasó en Indaparapeo, se cumplía ya una mes justo de haberse iniciado el levantamiento, y casi cabalísticamente, entrarían en la importante capital de la Intendencia michoacana.


Al principio de la evangelización Charo tuvo una importancia grande pues fue de los primeros conventos Agustinos que se fundaron en la naciente Provincia de San Nicolás de Tolentino, se dice que a unas leguas de allí, en Zinapécuaro, se levantaron postes que marcaban los límites de lo que luego fue el obispado de México y el de Michoacán.


En una pared que delimita el atrio del ex convento y el actual Jardín principal, se le una placa con la siguiente poesía:


No me mueve, mi Dios, para quererte

el cielo que me tienes prometido,

ni me mueve el infierno tan temido

para dejar por eso de ofenderte.


Tú me mueves, Señor, muéveme el verte

clavado en una cruz y escarnecido,

muéveme ver tu cuerpo tan herido,

muévenme tus afrentas y tu muerte.


Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,

que aunque no hubiera cielo, yo te amara,

y aunque no hubiera infierno, te temiera.


No me tienes que dar porque te quiera,

pues aunque lo que espero no esperara,

lo mismo que te quiero te quisiera.


Hay toda una discusión en torno a la autoría de este soneto, el cual está catalogado como dentro de los 100 mejores escritos en lengua española. En la palca de la plaza de Charo se dice que fue aquí donde se escribió. “Más ampliamente estimado en un famoso soneto atribuido a Miguel de de Guevara (1585-1646?), un oscuro clérigo agustino que vivió en Tiripitío, Michoacán, por el año 1620. Este soneto es considerado como un ejemplar perfecto de la poesía cristiana”. (2)


Fuentes:


1.- Castillo Ledón, Luis. Hidalgo, la vida del héroe. Frente de Afirmación Hispanista – H. Ayuntamiento de Morelia. México, 2003.


2.- Leonard, Irving. La época barroca en el México colonial. FCE. México, 2004.



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